A.M. - ¿Al zafacón?
Otro día primero de mes ha pasado y nuestro país no inicia formalmente su participación en el tratado de libre comercio conocido como DR-CAFTA.
Lo notable es que ya los días pasan y a nadie parece importarle. Es como si hubiese una especie de complicidad compartida entre Gobierno y empresarios, sindicatos y profesionales liberales, para jugar al laissez-passer con este peligroso monstruo que nos lo vendieron como un oso amigable y al que ahora todos le tienen miedo.
Gan parte de la culpa parece tenerla Estados Unidos que mostró las garras del oso demasiado pronto. Los tantos periquitos encontrados en las leyes, algunos de los cuales rozan la línea de foul del tratado, han asustado a todo el mundo dominicano que teme tener más pérdidas que beneficios del acuerdo.
Esta actitud es música para los oídos de un sector empresarial que se niega a abrirse, a competir de buena lid, y parece serlo también para el Gobierno que no quiere verse compelido a comprar bienes y servicios a la clara y a cumplir la ley sin excusas. Es una especie de "alianza ganamos todos".
A los trabajadores no se les ha demostrado que van a estar mejor con el acuerdo. Al contrario, las noticias son de que, al menos al principio, la van a pasar mal. Ahí tampoco hay mucho entusiasmo.
En una palabra, el Gobierno, el empresariado y los trabajadores prefieren ignorar al DR-CAFTA con los nervios del maestro que debe recibir al inspector escolar, y Estados Unidos no se dio cuenta de que la letra se enseña mejor con dulzura que a reglazos.
atejada@diariolibre.com
Esta actitud es música para los oídos de un sector empresarial que se niega a abrirse, a competir de buena lid, y parece serlo también para el Gobierno que no quiere verse compelido a comprar bienes y servicios a la clara y a cumplir la ley sin excusas. Es una especie de "alianza ganamos todos".
A los trabajadores no se les ha demostrado que van a estar mejor con el acuerdo. Al contrario, las noticias son de que, al menos al principio, la van a pasar mal. Ahí tampoco hay mucho entusiasmo.
En una palabra, el Gobierno, el empresariado y los trabajadores prefieren ignorar al DR-CAFTA con los nervios del maestro que debe recibir al inspector escolar, y Estados Unidos no se dio cuenta de que la letra se enseña mejor con dulzura que a reglazos.
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