A.M. - El peso de la población
Si se hace el gráfico del crecimiento poblacional del país parecería un cohete disparado al espacio. En la independencia, o sea 1844, éramos 125,000 habitantes. Nuestro primer millón lo logramos alrededor de 1930, pero ya para el 1950 éramos dos millones y así siguió creciendo hasta llegar a los casi nueve millones actuales.
Para que se observe la velocidad del fenómeno, simplemente piense que para lograr el primer millón necesitamos algo más de 400 años y que en menos de 80 hemos adquirido casi ocho millones más.
Junto a ese crecimiento espectacular, hay otro dato revelador: Desde hace años nuestra población es urbana, es decir, más del 50% de nuestra gente vive en comunidades, con una ciudad, la de Santo Domingo, que concentra una tercera parte de la población total del país.
Como se podrá comprender, no hay gobierno en el mundo que puede marcarle el paso a un crecimiento poblacional y urbano de esa envergadura. No hay posibilidad alguna de construir todas las escuelas, los hospitales, los sistemas de agua potable y las viviendas de calidad que se necesitan, si además se agrega que solo un porcentaje mínimo de esa población paga sus impuestos y los servicios que recibe.
Por tanto, están totalmente equivocados los que fomentan la gratuidad de servicios en el país y la evasión fiscal. Es evidente que hay que combatir la corrupción, pero no hay excusa que valga para que no se pague la luz, el agua, la recogida de basura y los impuestos que sean razonables.
Igualmente, el gobierno tiene que hacer todos los esfuerzos para ampliar el número de personas que pagan impuestos. Unos pocos no pueden seguir cargando con el peso de tantos.
atejada@diariolibre.com
Como se podrá comprender, no hay gobierno en el mundo que puede marcarle el paso a un crecimiento poblacional y urbano de esa envergadura. No hay posibilidad alguna de construir todas las escuelas, los hospitales, los sistemas de agua potable y las viviendas de calidad que se necesitan, si además se agrega que solo un porcentaje mínimo de esa población paga sus impuestos y los servicios que recibe.
Por tanto, están totalmente equivocados los que fomentan la gratuidad de servicios en el país y la evasión fiscal. Es evidente que hay que combatir la corrupción, pero no hay excusa que valga para que no se pague la luz, el agua, la recogida de basura y los impuestos que sean razonables.
Igualmente, el gobierno tiene que hacer todos los esfuerzos para ampliar el número de personas que pagan impuestos. Unos pocos no pueden seguir cargando con el peso de tantos.
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