El cierre de la oficina local de la DEA
La diplomacia es una suerte de nudo gordiano
La diplomacia es una suerte de nudo gordiano. La diferencia está en cómo se desata. Si de un tajo, como Alejandro Magno, o con la paciencia —y el talento— que demandan las ocasiones trascendentes. El anuncio del cierre de la oficina local de la DEA abrió de inmediato un mundo de conjeturas, no solo por lo abrupto, sino por las implicaciones. En un país donde la lucha contra el narcotráfico está sembrada de tentaciones y zonas grises, toda señal es interpretada como síntoma. El silencio puede ser complicidad.
De ahí que el Gobierno dominicano reaccionara con rapidez para evitar conjeturas y salpicaduras. Un mensaje del canciller intentó poner orden en el ruido. Poco después, la embajada estadounidense completó el gesto con una declaración que, sin decirlo todo, dijo lo suficiente para despejar dudas y enfriar especulaciones. Dejó claro que el vínculo no estaba en crisis. Hubo diplomacia detrás de bastidores, eficaz porque opera sin aplausos y sin estridencias, corrigiendo a tiempo lo que pudo convertirse en un incendio.
La tapa al pomo la puso el anuncio posterior de Palacio: el presidente dominicano está invitado a una reunión de mandatarios con Donald Trump en Estados Unidos, prevista para marzo. Entonces la pregunta cambió de forma. Ya no se trataba solo de si la DEA se iba o se reorganizaba, sino de qué tipo de conversación se estaba librando en otro nivel.
¿Coincidencia feliz o desate inteligente del nudo? Nos inclinamos por lo segundo. Porque en diplomacia, como en ajedrez, las piezas se mueven para evitar el jaque antes de que aparezca. Cuando se evita una crisis, casi siempre es porque alguien, aun en silencio, entendió a tiempo que la política exterior también se escribe en el interior con borradores invisibles.