La realidad geopolítica
América Latina en el tablero estratégico de Estados Unidos
La desaparición de las grandes ideologías y el fin de la Guerra Fría hicieron creer, durante algún tiempo, que el mundo avanzaba hacia una era gobernada por el comercio, las instituciones multilaterales y la ilusión de una convivencia regulada por normas universales. La historia, sin embargo, ha demostrado otra cosa. La geopolítica nunca desaparece. Apenas muda de piel.
El retorno de Donald Trump a la centralidad política ha vuelto a colocar sobre la mesa una noción antigua, incómoda y frecuentemente hipócrita: la realpolitik. No la diplomacia sentimental ni la retórica de los valores abstractos, sino la defensa cruda de los intereses nacionales. Trump no inventó esa lógica; simplemente la expresa sin demasiados adornos.
La estrategia de seguridad estadounidense vuelve a comenzar por América Latina y el Caribe. Como siempre ha ocurrido. Ninguna potencia ignora su entorno inmediato. Las puertas del vecino —después de las propias— son las que requieren mayor vigilancia. Migración, narcotráfico, puertos, rutas comerciales, minerales estratégicos y estabilidad política forman parte de una misma ecuación de seguridad.
Para países como República Dominicana, el margen de maniobra es limitado. Conviene admitirlo sin dramatismos ni falsas posturas soberanistas. La proximidad geográfica con Estados Unidos condiciona inevitablemente las decisiones económicas, comerciales y diplomáticas. Esa restricción no es exclusiva de las pequeñas naciones. También alcanza a los grandes.
Ahí está Mexico: una potencia regional con enormes capacidades industriales, pero atrapada entre la dependencia económica de Washington y la expansión del narcotráfico, convertido ya en asunto prioritario para Estados Unidos.
La realpolitik obliga a mirar el mundo sin ingenuidades. Los Estados no actúan movidos por afectos, simpatías ideológicas ni declaraciones líricas. Actúan por intereses. Dicho sin sordina, las naciones pequeñas sobreviven no desafiando inútilmente esa realidad, sino aprendiendo a navegarla con inteligencia, prudencia y sentido estratégico.