Bla, bla, bla y los feminicidios

El machismo domina la cultura dominicana como una estructura profunda

La peste no es silenciosa. Tiene voz de bolero viejo, de refrán heredado, de sermón dominical. Se sienta en la mesa, entra en las escuelas, se disfraza de protección y termina convertida en dominio. El machismo dominicano no es una desviación moral de algunos hombres violentos, sino una estructura cultural que durante generaciones ha enseñado que la mujer pertenece, obedece, soporta y calla.

Las cifras de feminicidios no son una anomalía estadística. Son el resultado lógico de una sociedad que todavía educa al hombre para mandar y a la mujer para aguantar. Cambian los gobiernos, se anuncian protocolos, se endurecen penas, aparecen campañas con lemas bienintencionados, pero debajo de todo permanece intacto el viejo código cultural: el hombre provee y controla; la mujer cuida, cede y calla. Cuando esa lógica se fractura, aparece la violencia como restauración del poder perdido.

Fallan las autoridades, los policías que no protegen, fiscales que no reaccionan a tiempo y jueces que minimizan amenazas. Pero sería cómodo reducir la tragedia únicamente a incompetencia institucional. El problema es más hondo y oscuro: el país sigue reproduciendo patrones de socialización donde la autonomía femenina todavía provoca resistencia, sospecha y castigo.

Sumemos a ese entramado una moral religiosa convertida muchas veces en legislación. Un país donde se obliga a una niña violada a parir le está diciendo que ni siquiera su cuerpo le pertenece. Que su sufrimiento puede administrarse desde el poder político, moral o masculino. Que la mujer continúa siendo territorio ajeno.

Después llegan los discursos de duelo, las ruedas de prensa y las promesas de revisión. Pero mientras el machismo siga siendo componente esencial de la cultura dominicana, los feminicidios serán consecuencia, no excepción.

La pandemia no está en las calles. Está en la mentalidad nacional.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.