¿Preparados para una presidenta?

El verdadero obstáculo para una presidenta no está en las urnas sino en las cúpulas

Se repite con frecuencia que el país está preparado para elegir una mujer presidenta. Probablemente. La sociedad dominicana ha cambiado mucho más rápido que sus estructuras de poder. Empero, una cosa es que el electorado esté listo y otra que lo estén quienes controlan las puertas de acceso al liderazgo político.

La mejor prueba no está en las encuestas, sino en los organigramas. Los partidos continúan siendo organizaciones dirigidas mayoritariamente por hombres. Los principales espacios de decisión, las candidaturas más competitivas, los recursos económicos y las redes de influencia siguen concentrados en manos masculinas. Lo mismo ocurre en la administración pública. Basta observar la composición del gabinete y los puestos donde realmente se toman las decisiones.

Un interesante debate abierto recientemente en el Reino Unido ofrece una pista. Algunas empresas comenzaron a revisar el lenguaje de sus ofertas de empleo al descubrir que, sin proponérselo, enviaban señales que hacían sentir a muchas mujeres que ciertos cargos no estaban pensados para ellas. No se trataba de discriminación abierta, sino de pequeños mensajes culturales acumulados durante décadas. Aumentaron significativamente las solicitudes femeninas.

La política tampoco está libre de esos códigos. El liderazgo suele describirse con atributos tradicionalmente masculinos: dureza, agresividad, confrontación, dominio. Como si gobernar fuera una prueba permanente de fuerza y no una combinación de inteligencia, capacidad de gestión, negociación y visión de Estado.

Las palabras no bastan. Ninguna mujer será presidente porque un partido cambie su discurso o adopte cuotas más ambiciosas. Tampoco conviene ignorar las barreras invisibles que limitan la aparición de liderazgos femeninos competitivos.

La pregunta correcta no es si el país está preparado para una mujer presidenta. Debemos preguntarnos si los partidos, las élites políticas y las estructuras de poder están preparados para permitir que una llegue a serlo.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.