El animal sigue armado

La muerte de Darlin Mercado expone una cultura de violencia institucionalizada

La muerte de Darlin Mercado conmueve y obliga a mirar de frente una realidad que durante demasiado tiempo ha sido tolerada. Esta vez las evidencias resultan apabullantes. Un video registra una actuación policial incompatible con el uso legítimo de la fuerza y desmonta, antes de que pudiera construirse, la coartada más recurrente: el consabido “intercambio de disparos” que durante años ha servido para maquillar ejecuciones extrajudiciales.

¿Cuántas muertes anteriores fueron realmente enfrentamientos? ¿Cuántas quedaron sepultadas bajo un informe oficial imposible de contrastar? Sin ese video, probablemente Darlin engrosaría hoy la larga estadística de quienes, según la versión policial, dispararon primero y murieron después. Una narrativa demasiado repetida para seguir aceptándola sin reservas.

El propio presidente de la República denunció que de la Policía “salió un animal”. La expresión describe a un individuo, pero el problema es más profundo. Cuando una institución permite que la violencia se normalice, que el uso desproporcionado de la fuerza encuentre justificaciones automáticas y que la impunidad sea más frecuente que la sanción, el animal deja de ser una excepción para convertirse en un riesgo permanente.

Suspender agentes no basta. La sociedad necesita investigaciones independientes, sanciones ejemplares y una revisión seria de una cultura institucional que con demasiada frecuencia premia el gatillo antes que la ley. El monopolio estatal de la fuerza solo conserva legitimidad cuando está sometido al derecho. De lo contrario, se convierte en miedo organizado.

Lloremos a Darlin. Su vida fue truncada cuando apenas comenzaba a abrirse camino. Entonemos también un mea culpa. Porque cada “intercambio de disparos” aceptado sin preguntas ha erosionado un poco más el Estado de derecho. Santigüémonos, entonces, no como un gesto de resignación, sino de prevención. Con la esperanza de que otro animal uniformado no nos arrebate a alguien querido.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.