Mancos de ideología

El catálogo de etiquetas ideológicas

La política mundial se ha convertido en un catálogo de etiquetas pseudo ideológicas: derecha, centroderecha, izquierda radical, ultraderecha, izquierda, izquierda populista y cuantos apelativos se inventen analistas y tertulianos. En Europa, cuna de las ideologías modernas,  las endosan a diestra y siniestra, y en América Latina copiamos con entusiasmo.

Curiosamente, las denominaciones desaparecen donde gobierna una sola mano. Nadie busca matices ideológicos en China, Cuba o Venezuela.

En República Dominicana, las etiquetas son más coloridas, como corresponde en los trópicos. Hablamos de partidos sin doctrina, dirigentes sin ideas e influencers que apenas se alfabetizaron y ya quieren encabezar una boleta. Aquí la política se alimenta del disparate diario, convertido en programa de gobierno por obra y gracia de un teléfono inteligente,  unos posts y un cuantos puñitos de seguidores.

Girar a la izquierda está prohibido en muchas de nuestras grandes avenidas y parecería estarlo también en la vida pública. Pero tampoco se dobla a la derecha sino que se avanza como se puede. Sin GPS, convicciones ni pudor, buscando la próxima encuesta, el próximo cargo o la próxima cámara encendida. El conservador promete subsidios; el progresista practica el clientelismo; el reformador defiende privilegios y el revolucionario pregunta primero dónde  está lo mío.

Entre nosotros, la ideología es simple decoración. Es un postureo que muta según el auditorio, el financista o la dirección del viento. No se estila abandonar principios porque, prudentemente, casi nadie los  adquiere.

No tenemos partidos de derecha ni de izquierda, sino organizaciones especializadas en extender la mano. El país es un escenario abierto a cualquier género teatral. Al público se le cautiva con comedias sin libreto ni final. Como ambas extremidades se mantienen ocupadas en lo mismo, ni siquiera son mancos, como la desaparecida revista Cachafú.  Son ambidiestros para pedir y paralíticos para gobernar.

Aníbal de Castro carga con décadas de periodismo en la radio, televisión y prensa escrita. Toma una pausa en la diplomacia y vuelve a su profesión original en DL.