República Dominicana ante la nueva era del poder tecnológico

Del Foro de Davos a la realidad, la IA es geopolítica dura

La IA puede causar una gran divergencia global, beneficiando solo a los países con energía estable, infraestructura digital y talento. (Shutterstock)

En enero de 2025, a pocos días de iniciar el nuevo gobierno de Donald Trump, publiqué el artículo “Trump, Stargate y el mundo que se avecina”. En él advertía que no estábamos ante un simple cambio de administración, sino frente a un giro estratégico profundo: Estados Unidos había decidido apostar en grande a la investigación, la tecnología, la infraestructura y la consolidación de recursos como base de lo que la nueva administración denominó el inicio de una “Era Dorada”.

Un año después, las discusiones de la reunión anual del Foro Económico Mundial en Davos confirman plenamente aquella lectura. El lenguaje dominante ya no es el de la globalización optimista, la sostenibilidad abstracta o la gobernanza difusa. Hoy el centro del debate es otro: poder tecnológico, seguridad, energía, datos e inteligencia artificial.

La IA dejó de ser una promesa futurista. Se convirtió en el nuevo eje del poder global.

De Stargate a la competencia sistémica

La creación de Stargate, la nueva empresa de inteligencia artificial impulsada por el gobierno estadounidense con inversiones que rondan los 500 mil millones de dólares, junto a OpenAI, Oracle y SoftBank, marcó un punto de no retorno. No se trata solo de tecnología: se trata de una alianza Estado–sector privado comparable, por sus implicaciones, a la carrera nuclear del siglo XX.

Al día siguiente de la juramentación de Trump, China y Rusia reafirmaron su alianza estratégica. No fue un gesto simbólico. Fue una respuesta directa. De un lado, poder militar y vastos recursos naturales; del otro, población, manufactura y escala económica. El mensaje fue claro: la competencia es sistémica.

Desde entonces, la estrategia estadounidense ha sido explícita: expansión territorial (Canadá y Groenlandia), presión sobre rutas críticas como el canal de Panamá, aumento máximo de la producción energética, fortalecimiento del estamento militar, inversión masiva en semiconductores, centros de datos e infraestructura tecnológica, y una redefinición progresiva de su rol como “policía internacional”.

Todo esto apunta a un solo objetivo: asegurar el liderazgo absoluto de Estados Unidos en la era de la inteligencia artificial.

De la convergencia a la divergencia

En Davos se habló con claridad de un fenómeno inquietante: la IA puede provocar una nueva gran divergencia global. Durante décadas, los países emergentes crecieron más rápido que los desarrollados, cerrando brechas. Hoy ese proceso está en riesgo de revertirse.

Los países que concentren energía confiable, infraestructura digital, datos de calidad, talento y control de estándares tecnológicos capturarán aumentos exponenciales de productividad. Los demás quedarán atrapados en economías dependientes, consumidoras de tecnología ajena y con bajo valor agregado.

El problema no es “tener IA”. La IA será accesible. El problema es no tener las condiciones estructurales para usarla de forma productiva, segura y soberana.

El reto para República Dominicana

República Dominicana no está fuera de esta dinámica. Nuestro modelo económico —servicios, turismo, zonas francas, logística— es altamente susceptible de ser transformado por la IA. Pero también es vulnerable si no se adapta a tiempo.

El primer gran desafío es la energía. En la era de la IA, la electricidad deja de ser un tema sectorial y se convierte en política de competitividad y seguridad nacional. Un país con pérdidas elevadas, apagones e inestabilidad energética no puede aspirar a insertarse en las nuevas cadenas de valor tecnológicas.

El segundo reto es el Estado. Un Estado que no incorpora inteligencia artificial en compras públicas, aduanas, salud y recaudación no solo es ineficiente: es frágil. La IA hoy es una herramienta clave contra la corrupción, el despilfarro y la mala gestión.

El tercero es el capital humano. La IA no elimina el trabajo; elimina el trabajo sin habilidades. Sin una estrategia nacional de reconversión laboral, formación técnica y alfabetización digital, la tecnología ampliará desigualdades en lugar de reducirlas.

Y el cuarto, frecuentemente ignorado, es la democracia. Deepfakes, manipulación informativa, evidencia digital falsa y campañas automatizadas ya no son una realidad futura: son riesgos presentes.

Una oportunidad que no se improvisa

Este no es un llamado al alarmismo. Es un llamado a la estrategia.

En el nuevo orden global, no todos los países serán potencias creadoras de modelos de frontera. Muchos serán nodos confiables de adopción, servicios y cumplimiento de estándares. República Dominicana puede aspirar a ese rol si actúa con visión.

Nearshoring avanzado, servicios profesionales aumentados por IA, ciberseguridad, certificación tecnológica, logística inteligente y turismo de alto valor son oportunidades reales. Pero no llegarán solas.

Requieren decisión política, inversión estratégica y una narrativa de Estado, no de coyuntura.

Una decisión estratégica

Como advertí en “Trump, Stargate y el mundo que se avecina”, el mundo entró en una etapa donde no entender el cambio equivale a perder poder. Un año después, Davos lo confirmó: la inteligencia artificial es geopolítica dura.

Para República Dominicana, el mayor riesgo no es tecnológico. Es no leer a tiempo la magnitud del giro histórico que estamos viviendo.

El futuro no se improvisa. Se construye.

El autor es especialista en Gobernabilidad y Gestión Pública y fue Director de Competitividad de la República Dominicana.