¿Son todavía relevantes los acuerdos de libre comercio?
El impacto de las normativas europeas en las exportaciones dominicanas
Más que alianzas estratégicas para competir en un mundo globalizado, como lo eran a finales del siglo XX, los acuerdos de libre comercio se perciben cada vez más como instrumentos para intentar generar cierta previsibilidad en medio de la incertidumbre, en un contexto donde el multilateralismo parece perder terreno.
Este enero, por ejemplo, la Unión Europea, firmó acuerdos de libre comercio con Mercosur y con India, ampliando su acceso preferencial a mercados de más 1,600 millones de personas. Esos acuerdos erosionan las preferencias obtenidas a través del Acuerdo de Asociación Económica (EPA) entre los países del CARIFORUM (CARICOM más República Dominicana) y la Unión Europea, firmado en 2008. En su momento, el EPA fue un acuerdo vanguardista: reconocía la asimetría entre ambos bloques, cubría de manera amplia el sector servicios y la inversión, e incorporaba un novedoso protocolo cultural que reconocía el potencial de las industrias culturales del Caribe.
Diecisiete años después, la República Dominicana es, sin dudas, el país que más ha aprovechado el EPA. El comercio entre la Unión Europea y nuestro país se ha incrementado de manera sustancial y hoy la UE es el principal inversionista en la economía dominicana. Además, el país se ha consolidado como exportador líder de cacao y banano orgánico, mercados cuya apertura estuvo estrechamente vinculada al EPA.
Sin embargo, las preferencias comerciales obtenidas mediante acuerdos pueden ser relativas. El acceso al mercado europeo de determinados productos se ha visto afectado por nuevas regulaciones, como las disposiciones para productos orgánicos, el Reglamento de la Unión Europea sobre Deforestación Cero (EUDR), la normativa de protección de datos (GDPR), así como por la falta de mecanismos efectivos para implementar las preferencias en el comercio de servicios. En el caso del DR-CAFTA, algunas de sus estipulaciones se vieron desvirtuadas por las modificaciones arancelarias aplicadas por Estados Unidos el año pasado. En el acuerdo CARICOM–RD, varias disposiciones están pendientes, como la extensión de beneficios a todos los firmantes, acuerdos de productos agrícolas, reglas de origen, etc.
A pesar de estas restricciones, la República Dominicana mantiene acceso preferencial a una parte significativa de sus principales mercados y cuenta con una lista creciente de países interesados en negociar acuerdos comerciales, incluida Curazao, con la cual ya se había firmado un marco para iniciar negociaciones. Paralelamente, el país ha venido abriendo espacios en otros mercados de América Latina y Asia, ampliando su horizonte comercial más allá de los acuerdos tradicionales.
Este nuevo contexto obliga a cambiar de estrategia. Es momento de revisar qué otros mecanismos pueden facilitar el acceso a mercados, cómo aprovechar mejor los acuerdos vigentes antes de que sus preferencias se diluyan y qué instrumentos complementarios, como los acuerdos de doble tributación, pueden fortalecer la competitividad, especialmente en el comercio de servicios.
Si algo nos han enseñado los acuerdos comerciales actuales es que no basta con firmarlos para que el comercio y la inversión se materialicen. En cada sector exitoso (turismo, agricultura, dispositivos médicos o cine) ha sido la combinación de acciones públicas y privadas la que ha marcado la diferencia. Es hora de acelerar el paso, tanto en los mercados consolidados como en la apertura de nuevos destinos. La diversificación sigue siendo la clave. Los acuerdos comerciales no son una llave mágica, pero generan resultados cuando se traducen en estrategia, acción y capacidad de adaptación.