El país debe ordenarse

La necesidad de una visión integrada para la economía dominicana

Un mundo conectado, una economía expuesta, la inestabilidad global y el alza del petróleo influyen en el futuro estratégico de nuestro país. (Shutterstock)

La República Dominicana no decide lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, no fija el precio internacional del petróleo, no controla las tensiones entre potencias ni define el pulso de la geopolítica global. Pero sí decide algo más importante: si enfrenta ese mundo con visión, con Estado y con sentido estratégico, o si sigue administrando sus vulnerabilidades como si fueran accidentes pasajeros. Para esto es necesario que lo entendamos a tiempo. Ese es el verdadero punto.

Durante años hemos hablado de energía, minería, competitividad, logística, institucionalidad y seguridad jurídica como si fueran asuntos distintos, casi inconexos. Como si el petróleo perteneciera a una conversación técnica, la minería a una controversia sectorial y la seguridad jurídica a una preocupación de inversionistas, abogados o gremios. Pero el contexto internacional está diciendo exactamente lo contrario: en un mundo más incierto, esos temas ya no pueden pensarse por separado.

Lo que ocurre en Ormuz lo demuestra con claridad. No hace falta un cierre físico total para alterar severamente el comercio mundial de energía. Basta con convertir el paso en una zona de riesgo: peligrosa, costosa e impredecible. Basta con que las navieras teman cruzarlo, que el seguro se dispare y que el mercado reaccione con nerviosismo. Esa es la nueva lógica de la disrupción: no siempre bloquea del todo, pero sí altera lo suficiente como para contagiar al sistema completo. Y cuando se desordena la energía, se desordena mucho más que el mercado petrolero.

La República Dominicana debe prepararse para lidiar en 2026 con un barril de petróleo por encima de los 70 dólares, y que, si la situación en Ormuz empeora, con una exposición potencial superior a los 580 millones de dólares. No es una advertencia para tomarse a la ligera. Es una llamada de atención para una economía importadora de energía, abierta al comercio, sensible a la inflación y dependiente de costos logísticos que no controla. Porque cuando sube el petróleo, no sube solo la factura de combustibles. Se presionan los precios, se encarece el transporte, se tensionan los subsidios, se reduce el margen fiscal y se afecta la competitividad de actividades intensivas en energía.

Por eso, un país no se fortalece solo reaccionando a los golpes externos. Se fortalece cuando entiende dónde es vulnerable, qué sectores pueden sostenerlo mejor y qué tipo de institucionalidad necesita para navegar la incertidumbre sin improvisación permanente. Ahí es donde esta conversación adquiere una verdadera dimensión no como promesa exagerada, no como una defensa sectorial, sino como parte de una pregunta mayor sobre qué sectores ayudan realmente a la República Dominicana a generar divisas, atraer inversión, sostener actividad económica, crear encadenamientos y construir resiliencia en un entorno internacional más complejo.

El reciente boletín del Banco Central de la República Dominicana ofrece una señal que merece nuestra atención. Entre las actividades de mayor dinamismo reciente en la economía dominicana se encuentra el sector minero, junto con turismo y transporte. Ese dato no debería leerse como ganancias sectoriales. Pero tampoco con indiferencia. Debería ser leído con sentido estratégico. Porque si el mundo se ha vuelto más inestable, los ejes estratégicos dejan de ser sectorial y pasan a ser nacional.

Esto obliga a entender que la seguridad energética no importa solo por el precio del combustible, sino por su efecto transversal sobre toda la economía. Obliga tambien a entender que la seguridad jurídica tampoco es una patente de corso empresarial, sino una condición de seriedad estatal, especialmente en actividades de largo plazo, intensivas en capital y expuestas a múltiples decisiones administrativas. Su ausencia encarece, retrasa y debilita la inversión responsable, y al mismo tiempo debilita la capacidad del propio Estado para exigir bien, fiscalizar mejor y decidir con legitimidad.

En ese contexto, una reforma minera seria, honesta y responsable no debería verse únicamente como un ajuste legal del sector, sino como parte de una arquitectura más amplia de decisiones públicas: energía, puertos, logística, ambiente, territorio, inversión, recaudación y desarrollo local. La competitividad real no nace solo del subsuelo. Depende también de la calidad de las reglas, de la claridad de las competencias y de la confianza que un país sea capaz de generar.

Las condiciones financieras recientes muestran, además, que aun en medio de un entorno internacional convulso el país conserva instrumentos de respuesta y señales de resiliencia que no deben subestimarse. Desde junio de 2025, las medidas de liquidez implementadas por el Banco Central han contribuido a una reducción relevante de las tasas de interés, mientras el sistema financiero ha mantenido niveles sólidos de liquidez, solvencia y morosidad contenida. Eso no elimina las vulnerabilidades externas, pero sí confirma que la República Dominicana no parte de cero frente a la incertidumbre global.

Este país tiene fortalezas que no deben subestimarse: relativa resiliencia macroeconómica, capacidad de intervención, continuidad de flujos como remesas, potencial de nearshoring y margen para que sectores intensivos en energía y valor agregado sigan empujando economía. Pero esas ventajas no se convierten solas en desarrollo. Requieren dirección, coordinación y calidad institucional.

La seriedad estratégica no consiste en paralizarse, sino en decidir mejor. Consiste en comprender que la competitividad no basta de una sola decisión administrativa, sino de un entorno organizado; que la sostenibilidad no compite con la seguridad jurídica, sino que necesita de ella para ser exigible. Y que los sectores estratégicos no pueden seguir tratándose como piezas sueltas de una conversación fragmentada.

Porque al final, la diferencia entre los países no la marcará solo lo que tengan bajo tierra, en sus puertos o en su posición geográfica. La marcará, sobre todo, su capacidad para ordenar esas ventajas, proteger su interés nacional y actuar con inteligencia antes de que la realidad los obligue a hacerlo tarde.

Director Ejecutivo, Cámara Minera Petrolera de la República Dominicana.