Reconstrucción del patrimonio personal de los dominicanos

Los consumidores dominicanos de todas las clases sociales constituyen el motor de la prosperidad de la economía

La reconstrucción del patrimonio de los hogares también es vital para la inversión de capital. (Freepik)

Con los múltiples problemas que afrontamos hoy en día —las guerras, los aranceles y los altos precios del petróleo, que afectan transversalmente a todos los ciudadanos del mundo— debemos replantear la forma de fortalecer el consumo y la demanda de nuestros hogares, ya que actualmente la capacidad de ahorro es muy limitada, siendo este uno de los pilares fundamentales del desarrollo económico.

Los consumidores dominicanos de todas las clases sociales constituyen el motor de la prosperidad de la economía; sin embargo, cada vez compran menos debido a que la inflación reduce significativamente el poder adquisitivo de sus ingresos reales. La combinación de un ahorro casi nulo y la preocupación de la clase política, económica y de las autoridades ante el debilitamiento de la demanda agregada, provocado por la austeridad obligada de los consumidores, augura un panorama de estancamiento económico a mediano plazo si no se presta la debida atención.

La sustitución parcial de la demanda perdida de los dominicanos ha sido compensada, principalmente, por las remesas, las cuales han permitido mantener niveles de consumo similares a los del pasado año. No obstante, para lograr que el patrimonio neto de los hogares —la diferencia entre activos y pasivos— crezca, como ocurre en las clases medias que impulsan el desarrollo de las sociedades emergentes, es indispensable fomentar el ahorro.

La reconstrucción del patrimonio de los hogares también es vital para la inversión de capital. Existe una estrecha relación entre el patrimonio neto y el gasto de capital debido al denominado “acelerador financiero”. Las empresas con balances más sólidos pueden acceder al crédito bancario en condiciones más favorables para financiar sus inversiones.

El problema se agrava cuando existe tensión financiera, es decir, escasez de crédito y bajas utilidades. En ese contexto, la clase media reduce sus posibilidades de invertir en activos, como la compra de vehículos —que ha tenido gran auge en el país gracias a las ferias anuales— o la adquisición de viviendas, cuyos costos han aumentado considerablemente en los últimos dos años y que tradicionalmente han representado una vía de progreso para los dominicanos.

El crecimiento sostenible de una economía depende de la formación de nuevos capitales, lo cual forma parte de la demanda general —incluido el consumo— y constituye una condición indispensable para el repunte de la inversión. Los balances débiles de los hogares y las empresas dificultan la recuperación de nuestra economía.

En consecuencia, es poco probable que las ganancias de capital y las utilidades empresariales regresen a los elevados niveles previos a la actual crisis, pese al buen desempeño que mostraban en los últimos años. Esto implica que las empresas no generarán suficientes recursos propios para invertir y fortalecer sus balances, proceso que depende, en gran medida, del dinamismo del consumo de los hogares. A largo plazo, esto no representa un escenario alentador.

Es evidente que el patrimonio neto de los hogares y la inversión de capital deben evolucionar de manera paralela para garantizar el desarrollo sostenido de la economía.

La riqueza de los hogares dominicanos, reflejada en mejores viviendas, adquisición de activos financieros, compra de vehículos nuevos y otros bienes, venía creciendo de forma adecuada. Esto se observaba en el dinamismo de la banca privada, mediante el acceso al crédito en condiciones competitivas y razonables dentro del sistema financiero.

Sin embargo, tras el escenario internacional marcado por las guerras, el aumento del petróleo y los constantes cambios en la política arancelaria, hoy predomina un ambiente de contracción e incertidumbre, fenómeno que en economía se traduce en las llamadas “expectativas racionales”.

Actualmente, en los hogares dominicanos prevalece la cautela en el gasto y un bajo nivel de ahorro respecto al ingreso disponible, tendencias que perjudican la actividad económica. Las estadísticas muestran que los hogares tienden a consumir más cuando aumenta su ingreso disponible. Desde 2012 hasta el presente —con excepción del período de la pandemia— esa realidad era visible en las calles del país.

El consumo aumenta o disminuye de acuerdo con la renta obtenida por diversas fuentes: trabajo, ingresos financieros, alquileres, arrendamientos de tierras, entre otros. Lo que se evidenció durante la última década fue que el ahorro de la clase media crecía al ritmo del Producto Interno Bruto (PIB) potencial, reflejándose en una mejor calidad de vida: construcción de torres de apartamentos, adquisición de vehículos nuevos, viajes al exterior y visitas a hoteles de alta categoría. Entre 2014 y 2020 existió un importante proceso de acumulación patrimonial.

Sin embargo, las proyecciones del entorno internacional y las expectativas actuales ofrecen muy poco margen para el ahorro. Por ello, la política monetaria debe orientarse hacia una flexibilización de las tasas de interés y al mantenimiento de una tasa de cambio prudente y estable. El escenario actual es sumamente complejo.

Los consumidores deben ser protegidos, ya que hoy están más conscientes que nunca de los déficits públicos, los subsidios, el precio de los combustibles, el empleo y la tasa de cambio, entre otros factores que afectan directamente su economía cotidiana.

Este modelo de referencia no constituye un buen indicador para el ahorro futuro, debido a que la nueva austeridad impuesta podría llevar al consumidor a reducir sus compras para conservar “un clavo”, como popularmente se dice, “por si acaso”, provocando así una contracción de la demanda.

Para reconstruir el patrimonio neto de los dominicanos, aumentar el ahorro y superar los ajustes económicos estimados entre un 2 % y un 3 % del PIB, será necesario que cambie el actual ambiente de incertidumbre internacional. Ojalá esto ocurra antes de finalizar el año y podamos retomar el rumbo de crecimiento y prosperidad que caracterizó la economía dominicana hace una década.


El autor es economista.