Fieras en dos ruedas: tiempo de solución

Autoridades reactivan operativos contra el desorden de los motoristas en las calles

Todo lo que hagan las autoridades para someter al orden a los motoristas será aplaudido por una ciudadanía que ha llegado al límite de su paciencia frente a la conducta irracional, agresiva y hasta violenta de quienes se han convertido en verdaderas fieras sobre dos ruedas que parecen no reconocer autoridad alguna.

La Policía y los organismos responsables del tránsito han iniciado nuevamente operativos para retirar de las calles a motociclistas que circulan sin licencia, sin matrícula, sin seguro y, en muchos casos, sin portar un casco protector. La medida no es nueva, pero sí necesaria. Lo que resulta novedoso es que las autoridades parecen haber comprendido que el problema ha alcanzado dimensiones que amenazan la seguridad pública.

Las redadas y controles responden a una realidad dramática: la elevada mortalidad que provocan los accidentes de motocicletas. Los números hablan con una contundencia imposible de ignorar. Durante el año 2025, el 59.3 % de todas las muertes por accidentes de tránsito correspondió a motociclistas. En cifras absolutas, fueron 949 vidas perdidas. Y si observamos el comportamiento histórico, la situación resulta todavía más preocupante: entre el 68 % y el 75 % de las víctimas fatales de accidentes de tránsito han sido conductores o pasajeros de motocicletas.

Nuestro país cuenta actualmente con alrededor de 3.8 millones de motocicletas registradas, equivalentes al 57.9 % del parque vehicular nacional.

Según un análisis publicado por el periódico El Dinero, basado en datos de la Dirección General de Impuestos Internos y de la Junta Central Electoral, en el país existe aproximadamente una motocicleta por cada dos personas adultas.

La motocicleta se ha convertido en una herramienta importante para miles de dominicanos. Es un medio de transporte económico, ágil y accesible. El problema no es la motocicleta; es el uso irresponsable que una gran parte de sus conductores hace de ella. Basta recorrer cualquier ciudad o pueblo para ver motociclistas desplazándose en vía contraria, irrespetando semáforos en rojo, circulando por las aceras, transportando familias completas sin protección o conduciendo a velocidades temerarias.

Las consecuencias son devastadoras. Dos tercios de las víctimas de accidentes en motocicleta son hombres de entre 15 y 29 años de edad. Es decir, estamos perdiendo jóvenes que se encuentran en la etapa más productiva de sus vidas. Cada muerte representa una tragedia familiar, pero también una pérdida económica y social para el país.

Ante esta realidad, resulta pertinente examinar el papel de la Escuela Nacional de Educación Vial (ENEVIAL), dependencia del INTRANT encargada de desarrollar programas de formación para conductores, motociclistas y estudiantes. Las autoridades deben evaluar con rigor si esa institución está cumpliendo efectivamente su misión educativa y si los programas actuales están produciendo cambios reales en la conducta de quienes utilizan las vías públicas.

La educación sigue siendo el camino correcto para enfrentar el problema. Pero no bastan charlas ocasionales ni cursos breves que terminan convirtiéndose en simples requisitos burocráticos. La magnitud de la crisis exige medidas más profundas.

La educación vial y la educación ciudadana deberían formar parte de un programa intensivo de formación con una duración mínima de seis meses, similar a los programas de inmersión utilizados para la enseñanza de idiomas. Solo quienes aprueben satisfactoriamente ese proceso deberían tener derecho a presentarse a los exámenes para obtener una licencia de conducir motocicletas.

Las carreteras, calles y avenidas no pueden seguir siendo escenarios de una guerra cotidiana donde mueren miles de dominicanos cada año. El respeto a las normas no es una formalidad administrativa: es una condición indispensable para preservar vidas. Hay que formar ciudadanos. Porque en cada motocicleta mal conducida existe una amenaza potencial para la vida propia y para la de los demás. La tolerancia con el desorden vial ha costado demasiadas vidas. Ha llegado la hora de que la ley también se monte en motocicleta.