Exportar servicios modernos, no impuestos
Retención digital y doble tributación: las barreras que frenan la competitividad dominicana
La conversación sobre la economía del conocimiento dejó de ser exclusivamente académica. Mientras el país se propone duplicar el PIB para 2036 y avanzar en su aspiración de ingresar a la OCDE, otros países compiten agresivamente por atraer inversiones y desarrollar talento. Los países más avanzados son, precisamente, economías productoras y exportadoras de servicios basados en el conocimiento. Países como Irlanda y Singapur prosperaron apostando por talento, innovación y exportación de servicios basados en conocimiento.
Un paso importante que ha dado la República Dominicana ha sido el diseño e implementación de la Estrategia Nacional de Exportación de Servicios Modernos a través de la cual reconoce que las empresas de tecnología, las industrias creativas, los servicios financieros, especialmente las fintech, y los servicios profesionales son ejes del desarrollo. El reto es mantener políticas y acciones consistentes para crear el ecosistema adecuado, no sólo para atraer inversiones significativas, como ha ocurrido con los BPO o la industria cinematográfica, sino para escalar a las empresas locales en la cadena de valor de estos servicios.
Todavía nos falta un trecho largo para mantener e incrementar nuestra competitividad y el tiempo apremia. No se trata sólo de participar en un mercado global de más de 8.8 billones de dólares: Cuando desarrollamos conocimiento e innovamos, generamos valor para todos los sectores de la economía, desde la agricultura y la industria hasta el turismo. El Global Knowledge Index muestra la relación entre generación de conocimiento, ingresos y calidad del empleo. En este indicador, nuestro país ocupa la posición 90 entre 149 países, por debajo de referentes regionales como Costa Rica.
A pesar de los avances, hay señales críticas que preocupan como el encarecimiento de las exportaciones de conocimiento. Mientras una maquinaria se reconoce como insumo productivo, herramientas hoy imprescindibles como almacenaje en la nube, el software, los servicios de inteligencia artificial siguen tratándose como un gasto. La retención del 15 % a los pagos por estos servicios digitales lo agrava si son costos no compensables que terminan incorporándose al precio de nuestras exportaciones.
A esto se suman dos lastres: El retraso en las negociaciones de más acuerdos de doble tributación con mercados claves obliga a las empresas a pagar impuestos en dos jurisdicciones, restándoles capacidad para competir; Se deben agregar acuerdos de doble tributación con Centro America y el Caribe; así como con la Unión Europea (además de España) con quien ya tenemos el EPA, el único acuerdo comercial comprensivo en servicios. Ahí también debemos seguir buscando las herramientas de implementación de las preferencias otorgadas por la UE en el acuerdo en servicios.
La formación de talento sigue rezagada. Debemos acelerar y flexibilizar también la creación de las competencias que demandan las industrias del conocimiento, sobre todo las de tecnologías, porque hoy uno de los principales frenos al crecimiento local es la escasez de personal bilingüe y técnicamente especializado.
Nada de esto exige empezar de cero. Hay acciones necesarias que hay que acelerar. Como acelerar la capacitación de nuestra gente en los sectores que queremos desarrollar. Si de verdad aspiramos a una economía más sofisticada y de mayores ingresos, empecemos por lo más simple y urgente: no exportemos impuestos. Esa sola revisión diría más que cualquier estrategia.