La cooperativa como alternativa: de la denuncia a una propuesta de articulación social y empresarial
Sin sustituir al Estado ni asumir funciones crediticias, Diario Libre puede colocar su autoridad pública y capacidad de convocatoria al servicio de una articulación que reúna a los sectores capaces de construir una alternativa frente a las redes usurarias
Diario Libre ya realizó un aporte extraordinario al investigar y llevar ante la conciencia nacional una calamidad que golpea de manera particularmente lacerante al sector de los motoconchistas. A partir de la fuerza alcanzada por esa denuncia, proponemos que el medio se convierta en punto de encuentro de quienes puedan contribuir con una alternativa, desde una articulación social y empresarial que transforme la preocupación pública en voluntad organizada de respuesta.
El amplio reportaje de la periodista Indhira Suero Acosta permitió colocar en el debate público una modalidad de usura que se desplaza en vehículos y motocicletas, utiliza aplicaciones y dispositivos electrónicos, organiza rutas de cobro y aprovecha la exclusión financiera para someter a motoconchistas, vendedores informales, agricultores y pequeños comerciantes a intereses abusivos, amenazas, humillaciones y distintas expresiones de violencia.
La investigación adquiere mayor trascendencia porque no se limitó a describir las operaciones económicas de ese mercado clandestino, sino que documentó sus consecuencias humanas: entre 2020 y mayo de 2026, los conflictos relacionados con deudas dejaron 52 personas asesinadas y 110 heridas. Semejante saldo impide reducir la usura a un problema crediticio y obliga a reconocerla como una emergencia social que demanda capacidades empresariales, financieras, cooperativas e institucionales articuladas alrededor de una respuesta común.
Esta realidad pone de manifiesto que la expansión de estas rutas descubre, además, el vacío que dejan el sistema bancario y las políticas públicas, porque motoconchistas, agricultores, buhoneros, saloneras, colmaderos, obreros y pequeños comerciantes necesitan capital para trabajar o responder a una emergencia, mientras encuentran solicitudes interminables, requisitos que no pueden cumplir, garantías que no poseen y respuestas que llegan cuando la necesidad ya los ha vencido, una urgencia que el prestamista informal comprende y convierte en la materia prima de su negocio.
Convocar sin sustituir responsabilidades
Ante una realidad de semejante magnitud surge una pregunta que trasciende este caso: cuando un medio investiga, verifica y coloca ante la sociedad una calamidad, ¿concluye su responsabilidad con la publicación o puede contribuir a reunir a quienes poseen los recursos, conocimientos y competencias para enfrentarla? La respuesta exige distinguir entre asumir una solución que no le corresponde y ejercer la capacidad de convocatoria que constituye uno de sus mayores activos sociales.
Ningún periódico está llamado a sustituir al Estado, administrar políticas públicas ni desempeñar funciones reservadas a entidades financieras, cooperativas u organizaciones sociales; sin embargo, entre denunciar una calamidad y convertirse en ejecutor existe un amplio campo de responsabilidad social empresarial dentro del cual puede convocar voluntades, articular capacidades, promover compromisos y acompañar iniciativas, preservando su independencia editorial y la libertad necesaria para fiscalizar a todos los participantes.
Este planteamiento tampoco pretende impartir lecciones a Diario Libre ni a su director, don Aníbal de Castro, cuya sensibilidad social y humana se manifiesta cotidianamente, sino apelar precisamente a esas cualidades para poner a su consideración una iniciativa. La credibilidad, la influencia pública y el poder de convocatoria de un medio también constituyen recursos empresariales capaces de generar valor social cuando facilitan el encuentro entre una necesidad colectiva y quienes pueden contribuir a responderla.
Una articulación social y empresarial
Diario Libre podría auspiciar un primer encuentro entre organizaciones de motoconchistas, especialistas del sector cooperativo, autoridades vinculadas con la regulación financiera, instituciones públicas, entidades de microfinanzas y empresas socialmente responsables, con el propósito de estudiar un modelo ajustado a trabajadores que necesitan respuestas rápidas, requisitos razonables y financiamiento compatible con ingresos obtenidos jornada tras jornada, condiciones que el crédito formal pocas veces logra atender con la oportunidad requerida.
El periódico no tendría que aportar directamente los recursos, prestar dinero ni administrar una cartera crediticia, pues su contribución fundamental consistiría en propiciar el encuentro y acompañar públicamente el proceso. Una entidad especializada y debidamente regulada asumiría la ejecución de una experiencia piloto con un grupo organizado de motoconchistas, combinando ahorro, crédito oportuno, garantías solidarias, educación financiera, supervisión eficaz y mecanismos rigurosos de transparencia, recuperación y evaluación.
Las cooperativas no constituyen una panacea, pero su naturaleza solidaria y cercanía con las comunidades permiten considerarlas entre las alternativas para estructurar esa respuesta, siempre que exista administración profesional, supervisión efectiva y respaldo institucional. En ese propósito, pongo mi experiencia como técnico del sector cooperativo y ex director general del IDECOOP al servicio de Diario Libre, con plena disposición de contribuir a que la denuncia encuentre, mediante la articulación social y empresarial, un camino hacia el financiamiento digno, organizado y libre de la usura.