Currículo oficial y libro de texto: una relación de complementariedad

La autonomía pedagógica del libro de texto enriquece el currículo oficial sin sustituirlo

El currículo y el libro de texto desempeñan roles clave pero distintos en la educación. (Shutterstock)

En todo sistema educativo organizado, el currículo oficial y el libro de texto cumplen funciones diferentes, aunque estrechamente relacionadas. El currículo establece el marco nacional que orienta qué aprendizajes deben alcanzar los estudiantes, qué competencias deben desarrollar, cuáles son los contenidos fundamentales y cuáles son los enfoques pedagógicos que deben orientar la enseñanza, tomando en cuenta el marco filosófico establecido en la Constitución y las leyes del país sobre el ciudadano  que se quiere, sus cualidades y valores.

El libro de texto, en cambio, constituye una de las principales herramientas para interpretar, desarrollar y hacer operativo ese currículo en las aulas. Organiza el aprendizaje del alumno y es guía para el docente. No es, por tanto, el currículo mismo ni debe limitarse a reproducirlo.

Esta distinción resulta especialmente importante en el caso del país y de la colección Libro Abierto del Ministerio de Educación. La Adecuación Curricular de los diferentes niveles  sometida a experimentación en el año 2022, concibe las Ciencias Sociales como un área de aprendizaje  que integra diferentes perspectivas y disciplinas destinadas a comprender las relaciones sociales y los procesos históricos, geográficos, económicos, políticos y culturales. Al mismo tiempo, reconoce la especificidad disciplinar de esas áreas de conocimiento. Por ello, que la Historia aparezca integrada dentro de Ciencias Sociales es curricular y científicamente legítimo. La integración interdisciplinaria no significa que la Historia deje de ser una disciplina con métodos, conceptos, fuentes y procedimientos propios.

El currículo, en consecuencia, fija los aprendizajes que deben garantizarse, mientras que el libro posee un margen legítimo de autonomía pedagógica, editorial y científica. El docente tiene un margen en su uso, hasta un 20 %  para complementar con sus ideas o proyectos el plan curricular expresado en el uso del texto. Puede seleccionar autores, fuentes, documentos, mapas, imágenes, ejemplos y actividades; puede establecer una determinada secuencia didáctica y puede ampliar o profundizar los contenidos curriculares. Ni el currículo ni el libro son camisas de fuerza. Lo contrario, permiten la flexibilidad y la activa participación del docente.

En Historia, esa autonomía es particularmente necesaria, porque un buen libro no debe limitarse a transmitir acontecimientos, sino que debe acercar al estudiante a la manera en que se construye el conocimiento histórico.

La autonomía del libro, sin embargo, tiene límites. No puede convertirse en un currículo paralelo ni contradecir los aprendizajes fundamentales establecidos oficialmente.

Su libertad consiste en interpretar, desarrollar y enriquecer el currículo, no en sustituirlo. Por eso, la relación adecuada entre currículo y libro de texto puede expresarse de la siguiente manera: el currículo establece el marco nacional de aprendizajes; el libro lo interpreta y desarrolla; el docente lo contextualiza y complementa; y el estudiante construye conocimientos mediante la investigación, el análisis y la argumentación.

Desde esta perspectiva, Libro Abierto representa un esfuerzo significativo de política pública educativa. Su primera fortaleza es la articulación explícita con la adecuación curricular vigente. Los libros de Ciencias Sociales  no constituyen materiales aislados, sino recursos concebidos para desarrollar las competencias y contenidos establecidos en el currículo, como es lo usual en todo país del mundo.

Una segunda fortaleza es la cobertura. La colección permite que los estudiantes del país dispongan de un recurso común, tanto en formato impreso como digital. Esto tiene importancia desde el punto de vista de la equidad educativa, pues reduce la dependencia de las posibilidades económicas de las familias para acceder a determinados textos escolares.

Una tercera cualidad es que los libros intentan superar el modelo tradicional basado exclusivamente en la memorización, se desarrollan actividades relacionadas con investigación, entrevistas, análisis de documentos, debates y construcción de hipótesis.

Este aspecto es particularmente valioso porque coincide con una concepción contemporánea de la enseñanza de la Historia: el estudiante no debe limitarse a saber qué ocurrió, sino aprender a preguntar por qué ocurrió, cómo podemos saberlo, qué fuentes permiten conocerlo y por qué diferentes historiadores pueden ofrecer explicaciones distintas sobre un mismo proceso, es decir, se fortalece el pensamiento crítico del futuro ciudadano.

La colección también tiene el mérito de relacionar la Historia con factores económicos, sociales, políticos y culturales. La conquista, la esclavitud, la plantación, la formación del Estado, la ocupación estadounidense, la dictadura de Trujillo y los procesos políticos posteriores no son tratados únicamente como sucesiones de acontecimientos, sino también en relación con estructuras económicas y sociales. Esta perspectiva favorece una comprensión más compleja de los procesos históricos.

Otro aporte importante es la relación entre Historia y ciudadanía. La comprensión de los procesos constitucionales, de los conflictos políticos, de las luchas democráticas y de los derechos ciudadanos permite que la Historia deje de ser únicamente conocimiento del pasado y se convierta en instrumento para comprender el presente.

Es bueno precisar que estos libros fueron elaborador por  equipos coordinados por Roberto Cassá, Juan Daniel Balcácer, José Chez Checo, Orlando Inoa  y Carlos Andujar Pércinal, historiadores de alto reconocimiento académico en el país. En el enfoque de la colección Libro Abierto no hay distorsiones de la historia universal ni dominicana. Hay un tratamiento científico dentro del marco que permite el currículo vigente.