De la cuña al mérito

La brecha educativa entre estudiantes favorecidos y desfavorecidos es alarmante, con diferencias de hasta 71 puntos en lectura

Los datos de PISA y la urgente necesidad de premiar la capacidad. (ARCHIVO/DIARIO LIBRE)

De la cuña al mérito

Hay una pregunta que casi todo dominicano ha escuchado alguna vez cuando intenta conseguir un empleo, resolver un trámite o abrir una puerta:

¿Y tú no conoces a nadie ahí?

La frase parece inocente. No lo es. Resume una manera de organizar oportunidades.

Durante demasiado tiempo hemos convivido con una sociedad donde la relación puede pesar más que la capacidad; la recomendación, más que el mérito; el acceso, más que el esfuerzo. Cuando eso ocurre no solo estamos ante una injusticia. Estamos destruyendo productividad.

PISA 2025 ayuda a entenderlo. Entre el 25% de los estudiantes dominicanos más favorecidos y el 25% más desfavorecido existe una brecha de 71 puntos en lectura, 69 en ciencias y 53 en matemáticas.

El origen importa.

En matemáticas, el 97.4% de los estudiantes más desfavorecidos no alcanza el nivel mínimo de competencia. Estamos perdiendo talento antes siquiera de descubrirlo. Entre esos jóvenes pueden estar los ingenieros, científicos, empresarios y programadores que necesitaremos en las próximas décadas.

Pero PISA revela algo todavía más inquietante: el privilegio tampoco está produciendo excelencia.

El 76.8% de los estudiantes más favorecidos tampoco alcanza el nivel básico en matemáticas. En lectura ocurre con el 55.4% y en ciencias con el 50.2%.

Los pobres comienzan mucho más atrás. Los ricos avanzan más. Pero ambos están perdiendo frente al mundo.

Una sociedad del mérito no abandona a cada individuo a su suerte para luego proclamar que triunfaron los mejores. No existe competencia justa entre niños que parten desde lugares radicalmente diferentes. Construirla exige procurar que cada dominicano pueda desarrollar sus capacidades y hacer que esas capacidades abran puertas.

Porque el mérito no es solamente un principio moral. Es una fuerza productiva.

Cuando una sociedad selecciona por relaciones en lugar de capacidades, desperdicia talento. El joven aprende que resulta más rentable conseguir un padrino que prepararse. El empresario descubre que conocer al funcionario puede valer más que innovar. Terminamos invirtiendo energía en conseguir acceso en lugar de crear valor.

Las sociedades también educan mediante sus incentivos. Si prepararse abre puertas, las personas invierten en capacidades. Si las abre el padrino, invierten en relaciones. Una sociedad del mérito se construye haciendo que el esfuerzo, la preparación y la creación de valor tengan consecuencias reales en sus oportunidades.

Esto no significa imaginar ingenuamente una sociedad sin relaciones ni influencia. Las relaciones y la influencia existen en todas partes y son parte natural de la política, los negocios y la vida social. La diferencia está en para qué hacen falta. Pueden ser necesarias para impulsar una gran inversión, modificar una regulación o promover una reforma. Lo que no debería requerir influencia es obtener un permiso, hacer cumplir un derecho o recibir un servicio público.

El problema no es tener que tocar puertas para cambiar las reglas. Es tener que tocarlas para que las reglas funcionen.

Una escuela pública excelente reduce el peso del origen. Un concurso transparente, el poder del padrino. Un sistema financiero capaz de evaluar proyectos, el valor del apellido. Una justicia predecible, la necesidad de influencia. Un trámite que funciona evita tener que llamar a alguien para que “ayude”.

Cada institución que funciona sustituye un favor por un derecho.

Liberar las fuerzas productivas dominicanas requiere simplificar regulaciones, ampliar el crédito, estimular la competencia y garantizar seguridad jurídica. Pero exige algo más profundo: liberar el talento atrapado detrás de nuestras desigualdades y de una cultura que demasiadas veces confunde relaciones con oportunidades.

Quizás entonces debamos cambiar la pregunta:

¿Hasta dónde podría llegar la República Dominicana si el lugar de donde viene una persona importara cada vez menos que aquello que es capaz de hacer?

No planteo esto desde la superioridad moral. Quienes hemos ocupado posiciones de poder o influencia también hemos sido beneficiarios del sistema que describo. La hipocresía sería negarlo. Pero haber participado de una realidad no obliga a defenderla.

Ese próximo salto no será solamente económico. Será pasar del país de la cuña a la sociedad del mérito.

El día en que la respuesta a la pregunta “¿Y tú no conoces a nadie ahí?” sea “No, y no hace falta”, sabremos que lo logramos.

Al liberar el talento de los dominicanos, volver a avanzar será inevitable.

El autor es especialista en Gobernabilidad y Gestión Pública y fue Director de Competitividad de la República Dominicana.