PISA 2025: el enemigo no es la IA, es el ocio en el aula

El uso de la IA en la República Dominicana frente a las cifras globales

El verdadero problema: La distracción y el ocio digital en horario de clase. (magnific)

Cada vez que salen los resultados de PISA, en el país buscamos una explicación rápida para un problema que lleva décadas. Esta vez se ha puesto de moda culpar a la inteligencia artificial. Se repiten dos ideas: que la República Dominicana rinde menos porque sus estudiantes usan más IA que el promedio de la OCDE, y que los países que sacaron las tabletas de las aulas mejoraron. Las dos suenan bien y se comparten mucho, pero los datos oficiales de PISA 2025, publicados por la OCDE el pasado 8 de septiembre, no respaldan ninguna.

Comencemos por lo que sí es cierto. El 50,4 % de nuestros estudiantes de 15 años usa chatbots de IA al menos una vez por semana para aprender, frente al 45,5 % en la OCDE. Es una diferencia real, pero pequeña. Y si comparamos países, encontramos que los que más usan IA tienden a tener puntajes más bajos. A primera vista, la hipótesis parece confirmarse.

Sin embargo, una correlación entre países no dice qué causa qué. Basta con un dato para verlo: Singapur usa la IA más que nosotros y obtiene 560 puntos en ciencias, el segundo mejor resultado del mundo. La República Dominicana obtiene 361. Si la IA hundiera los resultados, Singapur debería estar en el fondo de la tabla.

Hay una prueba más contundente. ChatGPT apareció en noviembre de 2022. Si el uso de la IA explicara los bajos puntajes, no debería tener relación con los resultados de 2015 o 2018, cuando esa tecnología no existía. Pero la tiene, y es igual de fuerte: la correlación entre el uso de IA medido en 2025 y los puntajes de 2018 es de -0,46, mayor incluso que la de 2025. Dicho de otro modo, los países que ya tenían puntajes bajos antes de la IA son los que hoy más la usan. La causa no puede venir después del efecto. La propia OCDE sugiere que los sistemas con menor desempeño pudieron adoptar la IA más rápido como estrategia para compensar.

Tampoco es cierto que los países que más la usan hayan caído más. Al comparar los resultados de 2025 con los de 2022, el uso de IA no explica el cambio. Más aún, el tercio de países con mayor uso fue el que menos retrocedió.

El dato más revelador está dentro de nuestras propias aulas. Los estudiantes dominicanos que usan la IA para aprender todos o casi todos los días obtienen 391 puntos en ciencias; los que nunca la usan, 349. Aun descontando el nivel socioeconómico y las características del centro, los que más la usan sacan ocho puntos más. En la OCDE ocurre lo contrario. No pretendo afirmar que la IA mejore el aprendizaje: en nuestro contexto, usarla con frecuencia también indica que el estudiante tiene dispositivo, conectividad y hábitos de estudio. Pero estos datos descartan que la IA sea la causa de nuestro bajo rendimiento.

Nuestro rezago es anterior a la IA, y conviene decirlo con todas sus letras: se ha ido reduciendo. En 2015 estábamos 87 puntos por debajo de lo que correspondería a nuestro nivel socioeconómico; en 2025, 57. Seguimos lejos, pero la distancia se redujo treinta puntos justo en los años en que llegó la IA.

La segunda idea, la de las tabletas, tiene un ejemplo de cabecera: Suecia, que en 2023 anunció el regreso al libro de papel, junto a sus vecinos nórdicos. PISA 2025 permite comprobarlo. Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia y Países Bajos redujeron el uso escolar de dispositivos, y los cinco bajaron en lectura y en matemática. Dinamarca perdió 29 puntos en lectura; Suecia, 21. Al analizar los 70 países con datos comparables, la supuesta ventaja de quitar pantallas desaparece en cuanto se considera el nivel socioeconómico. Es justo reconocer que la reforma sueca es reciente y que es pronto para declararla un fracaso. Lo que no se puede es presentarla como prueba de mejora.

¿Significa esto que la tecnología no plantea ningún problema? No. Los datos sí señalan un problema serio, solo que no es el que se discute. Entre 2022 y 2025, la proporción de estudiantes dominicanos que pasa más de una hora diaria en ocio con dispositivos dentro de la escuela subió del 26 % al 39 %, el mayor aumento de toda la muestra. En la OCDE bajó. Y el efecto es enorme: los estudiantes que no dedican tiempo al ocio digital en la escuela obtienen 404 puntos en ciencias; los que le dedican entre cinco y siete horas, 317. Son 87 puntos de diferencia. La distracción digital en las clases de ciencias nos cuesta 27 puntos, más del doble que en la OCDE.

En cambio, usar los dispositivos para aprender no sigue ese patrón: quienes los usan de tres a cinco horas diarias con ese propósito puntúan más que quienes no los usan.

Hay una paradoja que debería llamarnos la atención. Según los directores, el 77 % de nuestros estudiantes asiste a escuelas donde el celular no está permitido. Aun así, el ocio con dispositivos en la escuela creció. La norma existe, pero no se cumple.

Ahí está el verdadero frente de batalla: en la gestión del aula, no en la tecnología educativa ni en la inteligencia artificial. Prohibir la IA o retirar los equipos sería una respuesta vistosa, pero equivocada, que además castigaría a los estudiantes que hoy la aprovechan para aprender. La OCDE apunta en la misma dirección: dar acceso a la IA no basta si no se enseña a usarla con criterio. Los estudiantes que mejor puntúan son los que la usan para aprender y, además, practican en clase cómo evaluar lo que produce.

La educación dominicana necesita diagnósticos basados en evidencia, no explicaciones fáciles. Culpar a la inteligencia artificial puede tranquilizarnos, pero no resuelve nada. Lo que sí hace falta es que se cumplan las normas que ya tenemos, recuperar el control del tiempo en el aula y enseñar a nuestros jóvenes a usar con inteligencia las herramientas que, nos guste o no, ya forman parte de su mundo.

Doctor en educación, docente e investigador universitario. Experto en finanzas, tecnología y prevención de riesgos laborales. Abogado.