Gascue: ¿rescate o desastre urbano?

Un llamado urgente a rescatar el patrimonio cultural y urbano de Gascue

Gascue, uno de los barrios más emblemáticos de Santo Domingo, está en una encrucijada histórica: recuperar su esplendor arquitectónico y urbanístico o resignarse a desaparecer bajo el avance de construcciones que, poco a poco, van transformando su identidad.

A pesar de albergar el centro cultural más importante del país, donde se ubican el Teatro Nacional, la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña y los principales museos, Gascue está en decadencia.

Resido en Gascue desde hace más de cuarenta años. En un período relativamente corto, he visto abrir al menos cuatro restaurantes en antiguas viviendas de la zona.

Por sus características, estos establecimientos parecen haber requerido inversiones importantes. Las casas han sido convertidas en locales comerciales que sus propietarios alquilan a los inversionistas de estos negocios.

También se han construido y se siguen construyendo cada día más edificios de apartamentos: moles de cemento cuyas estructuras no guardan relación con el concepto arquitectónico que prevalece en Gascue.

De ahí surge la pregunta: ¿tiene el Estado interés en rescatar a Gascue o permitirá que termine convertido en una zona comercial despojada de su historia y de sus valores arquitectónicos?

Durante buena parte del siglo pasado, Gascue fue símbolo de elegancia residencial, tranquilidad y buen gusto arquitectónico. Sus hermosas mansiones, rodeadas de jardines, árboles frondosos y acogedoras galerías, constituían un conjunto urbano de características excepcionales.

Sus edificaciones, muchas de ellas de las primeras décadas del siglo XX, reflejan estilos neoclásicos, victorianos, art déco y modernos que testimonian una etapa importante del desarrollo social y económico de nuestra capital.

Pero aquel Gascue está desapareciendo.

Donde antes existían residencias señoriales aparecen establecimientos que conviven con cafeterías de pastelitos, negocios de chicharrón y batidas, oficinas y otras actividades que, aunque legítimas, alteran el carácter histórico del sector.

No se trata de menospreciar ninguna actividad comercial. Esos negocios tienen derecho a existir y prosperar. Lo cuestionable es que se establezcan sin una planificación capaz de armonizar sus actividades con la conservación del patrimonio arquitectónico.

Gascue cuenta con instrumentos legales de protección que, por desuso, parecen haber caído en el olvido.

Entonces, ¿qué ha ocurrido? ¿Quién supervisa las intervenciones arquitectónicas? ¿Cuántas edificaciones históricas se encuentran amenazadas?

El arquitecto José Enrique Delmonte advirtió en enero de 2025 sobre la progresiva pérdida de identidad de Gascue y la necesidad de establecer políticas públicas que preserven sus valores arquitectónicos.

La advertencia merece atención.

Hay un precedente que sirve de referencia: la recuperación de la Ciudad Colonial. Allí se ha demostrado que es posible rescatar el patrimonio histórico y convertirlo en un activo cultural, turístico y económico.

¿Por qué no emprender un programa semejante para Gascue?

No necesariamente con las mismas características ni dimensiones, pero sí con una política definida, presupuesto y participación de propietarios y residentes.

El Ayuntamiento del Distrito Nacional, el Ministerio de Cultura y las instituciones responsables del desarrollo urbano deberían establecer una estrategia conjunta que delimite las áreas residenciales, comerciales, culturales y turísticas.

Gascue tiene todas las condiciones para convertirse en un extraordinario circuito cultural y arquitectónico, con residencias restauradas, galerías, restaurantes compatibles con su entorno y espacios para el disfrute ciudadano.

La modernización no significa destrucción.

No puede continuar en Gascue una transformación que avanza sin rumbo definido, mientras desaparecen las edificaciones que dieron prestigio y personalidad a uno de nuestros barrios históricos.

El Estado haría bien en explicar qué proyecto tiene para Gascue, cuánto está dispuesto a invertir y cómo garantizará el cumplimiento de las normas existentes. Se trata de preservar un patrimonio que pertenece a todos los dominicanos.

Gascue todavía está a tiempo, pero el tiempo no es infinito.