AM. - Carlos Alberto Goico

Carlos Alberto Goico tuvo una vida difícil. Dura. Artista de extrema fragilidad personal, había sufrido siendo joven la terrible impresión de ver morir a su madre, Doña Gina, en un accidente de tránsito. Todo cambió desde entonces.

Un amigo que le quería desde la infancia, le regaló recientemente el tomo de la colección de Danilo de los Santos en el que éste cataloga a Alberto Goico como "Una individualidad marcada por el infortunio... poseedor de una calidad enigmática..." Se sintió absolutamente feliz. Que su trabajo fuera recogido en esta obra era un reconocimiento importante en una carrera artística llena de altibajos y dificultades personales.

Alberto veía los colores que los demás no vemos. Pintaba desde el alma y la imaginación. Su Catedral de Santo Domingo tenía cúpula. Sus payasos no hacían reír -amedrentan- y su rey Momo, casi desnudo, gordinflón y todo azul, es tan solemne que hace tomarse el Carnaval absolutamente en serio.

Alberto había encontrado refugio en la Ciudad Colonial, esa parte de la ciudad que todavía se pasea a escala humana y en la que los frágiles encuentran siempre un rincón donde vivir y un vecino amable. Pintaba, y saludaba entre lienzos a los amigos que pasaban por delante de su estudio. Algunas de sus últimas obras son flores bellísimas, manchas de color intenso que buscan la belleza por la belleza. Él, que padeció tanto por insistir en ser feliz como era, se queda con nosotros a través de su Arte.

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