Turistas
Un viajero que no se limite a la foto del folleto que le invitó a venir
Dejó escrito Josep Pla que Stendhal fue el primero en utilizar el término turista, la palabra turismo. Que si no fue quien lo inventó sí fue el escritor que lo introdujo en los idiomas latinos tomándolo del inglés.
Hasta el punto de titular “Memorias de un turista” una de sus obras, editada en 1838. Narraba las vicisitudes de un comerciante que, después de haber hecho una buena fortuna, se tomó un tiempo para recorrer varias provincias francesas.
Había ya publicado con mucho éxito libros de viajes sobre Roma, Nápoles y Sicilia. Lo increíble de estas memorias francesas es que parecen haber sido hechas con la exactitud de una guía de Lonely Planet… pero Stendhal no había recorrido aquellos paísajes. (Licencia que solo le puede salir bien a un genio).
La literatura de viajes del siglo XIX es una de las épocas de oro de este género. No se limita a narrar las experiencias de intrépidos viajeros por los mares del sur. También se ocupaba de la cotidianidad de la Europa provinciana y para los románticos, España encerraba en aquellos tiempos un mundo exótico.
Stendhal es un viajero particular. Describe los paísajes, recomienda posadas, se fija en la arquitectura. Critica a los políticos locales, deja colar sus opiniones, admira a las mujeres, saborea los vinos, busca los placeres. Se divierte. Es una Europa que vive momentos convulsos y no los obvia.
Es el turista que queremos hoy. Un viajero que no se limite a la foto del folleto que le invitó a venir. Que quiera conocer lo que nos hace si no únicos, sí diferentes. Que se atreva a preguntar los porqués y el cómo de las cosas que va descubriendo. Claro, se llevará un montón de selfies, pero es que hay que ser Stendhal para convertir un viaje de placer en unas memorias de 400 páginas…