El alumno es el cliente
El cliente no siempre tiene la razón en la escuela
Laurence Bouchet es una profesora francesa que enseñó filosofía durante 24 años. Ante las violentas protestas estudiantiles de las últimas semanas se hace una pregunta muy pertinente: ¿por qué?, ¿por qué no hay profesores?
Sí, Bouchet apoya la reivindicación estudiantil de exigir que se cubran las plazas vacías de maestros en los institutos, pero va más allá. Con conocimiento de causa explica que los profesores renuncian, cogen bajas larguísimas, se jubilan anticipadamente o peor aún… que cada vez menos eligen ejercer la profesión de docente.
Enumera diferentes causas, curiosamente, similares a las expuestas por profesores de otros países: tareas administrativas excesivas que quitan tiempo para lo que de verdad importa, enseñar. Alumnos distraídos a los que hay que tratar de no llamar mucho la atención para no meterse en problemas. Violencia en las aulas entre alumnos y violencia contra el profesor. Padres irresponsables que exigen a los profesores poner la nota que sus hijos no merecen. Bajar el nivel de exigencia de sus clases ante las exigencias de los padres, de la administración del centro, del político de turno. Leyes de educación que cambian normalmente a peor.
Padres, ese eslabón de la educación de un joven que es indispensable y al que pocas veces se pide cuentas. Los padres sienten que sus hijos, ellos mismos, son los clientes de la institución y ya se sabe que el cliente siempre tiene razón. Y nada le gusta más a una empresa que quiere hacer dinero que llenar las exigencias de su cliente.
Devolver la autoridad al profesor y los niveles de exigencia al alumno, propone ella. Nada fácil, pero no parece que haya otro camino. Demasiados años convirtiendo la enseñanza privada en una lucrativa empresa y la pública en un experimento social no han dado buenos resultados.