Burocracia y política
Una de las consecuencias de tener una burocracia que no se basa en criterios profesionales para un desempeño óptimo, y en la cual priman las relaciones de carácter político (el empleo depende del partido o del jefe) o afectivo (los empleados son familiares o amantes de los jefes), es que las soluciones a los problemas no se rigen por normas generales, transparentes y neutrales, pues, como señala Riggs, en este caso “los problemas no se resuelven de acuerdo con el ‘grado de complejidad’ de los asuntos, sino según el ‘grado de complicidad’ entre los actores”.
Esto lo vemos cada día en nuestro accionar burocrático: si se es amigo, siempre se le busca un “bajadero” o solución al problema. Si por el contrario, no se es afín, el problema de más fácil solución se convierte en algo insoluble.
El problema llega más lejos cuando confligen dos burocracias “políticas”, como estamos observando en los sectores de educación y salud, dos de las más grandes burocracias del Estado dominicano.
En el caso de los maestros, la burocracia sindical, hasta hace poco controlada por un sector del partido de Gobierno chocaba permanentemente con la burocracia oficial del Minerd, y afectaba los resultados del proceso de enseñanza-aprendizaje.
Lo mismo se observa en el área de la salud, en la cual los diferentes intereses encontrados entre los especialistas médicos (mayores beneficiarios de las ineficiencias del sistema) y su sindicato, enfrentaban por las razones más descabelladas, a la burocracia estatal, incapaz de producir los bienes públicos a que estaba llamada.
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