Margarita Baquero

Era difícil entrevistar a Doña Margarita Baquero de Reid. Y no porque “actuara” ante la grabadora o porque se sintiera una diva de la escena dominicana.

Al contrario, una vez en su casa, don Willy y doña Margarita eran tan cálidos, tan comunicativos, tan cercanos... que la conversación se iba por otros derroteros y al menor descuido era la periodista la que estaba contando su vida. O ayudando a poner la mesa...

Doña Margarita, elegante, bella, hablaba exquisitamente, con la dicción de las actrices de teatro acostumbradas a vocalizar y a entonar. Actriz respetada y reconocida aquí e internacionalmente, no iba por la vida de “famosa”. Ser actriz era importante pero no tanto como para actuar en la vida diaria o perder su privacidad para lograr un poco más de reconocimiento.

Tenía esa manera de hablar de su carrera como quien habla de la lista del supermercado. Era algo normal que no debía en todo caso, chocar con su vida familiar y personal, algo que atesoraba. Era difícil que en una entrevista sobre la obra que estaba a punto de estrenar no colara los nombres de sus hijos o hablara de sus nietos para contar algún éxito o anécdota.

Ser actriz, y era muy buena actriz, era para ella un don, un regalo de la vida, para hacer ésta más interesante. Sobre todo era algo que la hacía feliz.

En su despedida, es difícil no comparar la manera de vivir una carrera artística de esa manera, (no raro en su generación) y las excentricidades que ahora se comparten buscando un minuto de fama...

IAizpun@diariolibre.com