Memorial de aliento

Unos amigos me enviaron una especie de decálogo con las razones por las cuales se piensan ir del país, que son los motivos por los que todos debiéramos marcharnos y dejarles el territorio a los malos.

No lo voy a copiar aquí porque en muchos de los puntos tienen razón, pero yo todavía no he perdido la fe en que algo se puede hacer para lograr una sociedad en la que los dominicanos podamos vivir con tranquilidad.

A esos amigos les dije que si esa era su decisión que la tomaran, pero que yo prefería hacer el catálogo de las cosas buenas, y que la primera decisión era no hablar de las cosas malas del país, que reconozco son muchas, sino de las buenas que tenemos y podemos conquistar.

Ellos hablaban de delincuencia, de corrupción, de desorden, de irrespeto a la ley, de impunidad, de malos y caros servicios. De instituciones que no funcionan y de una nómina estatal en la que están todos los peledeístas y sus familiares.

Les dije que prefería hablarles de la hospitalidad del dominicano. Que por cada delincuente había diez mil buenos ciudadanos. Que por cientos que violan la ley como si fuera un deporte, había miles que respetaban las normas y se lo enseñaban a sus hijos. Les hablé de nuestros héroes, de nuestros deportistas, medallas de oro aunque vivan en chozas; de nuestros artistas y de una tierra tan generosa que ni siquiera los peores políticos que hemos elegido han podido acabar con ella.

Solo nos faltan hombres serios en el poder...

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