Amor del negrito: ¿Racismo?

Recientemente he descrito como "Síndrome" o conjunto de síntomas al llamado "amor del negrito".

Dicho "síndrome" consiste en un amor apasionado que rompe barreras, infortunios, rechazos y desaprobación. En un interesante blog, mezcla de poesía y recetas de cocina se dice que: "es amor duradero, profundo, que resiste las dificultades y los problemas, el tiempo y el espacio. Amor del negrito es amor de verdad".

Siguiendo a Platón, el afectado esta "bajo la determinación de un pathos", la pasión.

No vaya usted a creer que la denominación posee algún tinte de racismo, pues se reconoce que afecta tanto a blancos como a negros y mestizos, a ricos como a pobres, a letrados como a iletrados. El "amor del negrito" es universal.

La historia está llena de ejemplos de este síndrome, muchas veces con finales trágicos como el de Romeo y Julieta, o los repugnantes casos de feminicidios de los últimos tiempos.

El tema viene a cuento porque en los últimos días se nos acusa de "racistas" y xenófobos en ámbitos nacionales y extranjeros.

El dominicano no es ni puede ser racista. En cada familia y hogar dominicano siempre aparecen un negro y un blanco cuya procedencia "se pierde en la noche de los siglos". No sabemos por cual jugarreta de las dinámicas genéticas siempre tenemos un tío negro al cual identificamos por ese mismo nombre sin prejuicio: "¿llegó Tío Negrito? También pasa lo mismo con la infaltable "Tía Blanquita". Cuando uno menos se lo espera aparece un primo "Jabao". Jabao no es insulto ni es despectivo, es por el color de la piel y los rasgos, es increíble que dentro de la raza negra haya tantas modalidades. Cuando un negro(a) se mezcla con blanca(o) da Mulato(a), y cuando un Mulato(a) se mezcla con un blanco(a) muchas veces da como resultado un "Jabao".

No se puede ser racista con tal historial familiar.

Un laureado escritor, por demás desconocedor de la psicología del dominicano se atrevió a cubrir nuestro mapa con la bandera nazi, para acusarnos de racistas, antihaitianos y xenófobos. ¡Cuánto abuso!

La realidad es que aquí cuando llega un extranjero se le da un trato especial, incluidos los haitianos. Dígame usted a cual país pueden llegar los haitianos sin ningún documento y les dejan ingresar a ese territorio. Sólo la República Dominicana les permite esa gracia.

Ahora cuando se pone en marcha un programa serio para regularizar la migración y la forma correcta de naturalización se alzan las voces, se rasgan vestiduras y se buscan connivencias con países que nunca han hecho nada para ayudar con efectividad a los haitianos.

El gobierno haitiano se las agencia para que no nos reconozcan en el CARICOM, que nos condenen en la CIDH y en la OEA, que Venezuela nos excluya de PETROCARIBE, que no nos compren pollos ni huevos… pronto pedirán que Dios nos borre del mapa.

El problema no es el pueblo haitiano, es la clase dirigencial, la gente que gobierna con un sentido de oportunismo increíble, con una capacidad infinita de mentirle al mundo y a su propio pueblo, ese pueblo que ya no le cree pues a diario vive en nuestro país, una realidad muy distinta de la que propalan sus gobernantes.

Aquí viven en paz, nadie les persigue, trabajan y hasta piden en los semáforos con niños alquilados, piden limosnas y los dominicanos se las dan; si no fuera así no estuvieran en las esquinas pues se morirían de hambre.

¿Dónde está el pregonado antihaitianismo del dominicano? ¿Dónde se muestra la supuesta xenofobia del dominicano?

Si a decir verdad vamos, más bien lo que se está escenificando es el odio del gobierno haitiano hacia la República Dominicana, un odio acicateado por el plan de las grandes potencias para evitar el flujo masivo de haitianos hacia sus territorios, buscando una "solución dominicana a los problemas haitianos".

Fue el malagradecido y simulador ex sacerdote Jean Bertrand Aristide quien inició la campaña antidominicana. Los demás, tanto los de aquí como los de allá, simplemente son sus continuadores.

Nuestro deber es defender la nacionalidad dominicana sin responder a las provocaciones de los políticos haitianos.