Aumento neto de capital

En el presupuesto aprobado para el 2014 se consignan, como todos los años, fondos para diversas inversiones, entre las que usualmente predominan las construcciones de edificios, carreteras y obras similares, quedando otros tipos de inversiones, como en equipos e instalaciones, en un nivel inferior.

Es normal que sea así, dado que aquí el Estado ha dejado la actividad productiva en manos del sector privado, habiéndose desprendido de la mayoría de las empresas que otrora poseía. La gran excepción, evidentemente, es la electricidad, respecto de la cual el gobierno ha decidido que para mejorarla debe comenzar añadiendo capacidad de generación a fin de transformar su estructura de costos.

Pero las cifras de inversiones en el presupuesto no equivalen a un incremento neto en la existencia de capital en el país. Ese incremento, lamentablemente, es mucho menor que el monto de las inversiones, y podría ser negativo en algunos renglones.

La causa de esa discrepancia radica en que al mismo tiempo que se hacen nuevas inversiones, las hechas anteriormente se van deteriorando, y es la diferencia entre el monto de las nuevas y el cambio en el valor actualizado de las anteriores lo que puede considerarse como un aumento neto de capital.

Edificios, parques, caminos, equipos, mobiliario, drenajes, presas y una amplia gama de activos adquiridos o construidos con recursos presupuestales en el pasado tienen una vida útil que se va agotando, y la falta de cuidado hace que esa vida útil disminuya notablemente.

Tomando en cuenta las reparaciones que planean ejecutarse, el monto de ese deterioro, sea éste natural o inducido por vandalismo, sustracción o falta de mantenimiento, debe restarse de la suma de las inversiones presupuestadas para poder determinar el incremento neto de capital público en el 2014. Pero ese monto no se conoce, pues hasta el inventario de activos del Estado es impreciso.

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