Mella y la anexión a España
El legado militar de Mella en la restauración dominicana
Ramón Matías Mella, al igual que Duarte y Sánchez -sus compañeros en La Trinitaria-, protestó contra la anexión a España y tan pronto le fue posible se incorporó a la lucha por el rescate de la República.
En enero de 1861, en el curso de una reunión promovida por el gobierno de Santana, Mella manifestó su oposición a la anexión. A raíz de ello, fue apresado, confinado durante 72 días en la temible Torre del Homenaje (actual Fortaleza Ozama), y posteriormente deportado del país.
A finales de abril, Mella, en Saint Thomas, no pudo integrarse a la expedición armada de Sánchez y Cabral porque estaba enfermo. Al cabo de dos años, sin embargo, un día antes del Grito de Capotillo, Mella llegó a Santo Domingo, todavía muy enfermo, resuelto a la luchar contra la anexión.
En el transcurso de la guerra restauradora, Mella obtuvo sus más resonantes lauros militares. A él se deben las “Instrucciones para la Guerra de Guerrillas”, un conjunto de normas militares y consejos para los jefes de campaña sobre el tipo de guerra que se debía hacer a los españoles. A continuación, reproduzco algunas de esas disposiciones tácticas y estratégicas:
“En la lucha actual y en las operaciones militares emprendidas, se necesita usar de la mayor prudencia, observando siempre con la mayor precaución y astucia para no dejarse sorprender…”
“Nuestras operaciones deberán limitarse a no arriesgar jamás un encuentro general, ni exponer tampoco a la fortuna caprichosa de un combate la suerte de la República…” “Nuestra tropa deberá, siempre que pueda, pelear abrigada por los montes y por el terreno y hacer uso del arma blanca…” ,
El prócer de La Misericordia insistió en que, por ningún concepto, se debía establecer combates directos, por pequeños que fueran debido a que el ejército español era mucho más disciplinado y numeroso que el restaurador. Aconsejó que tampoco se debía permitir la sorpresa y que, por el contrario, había que tratar de sorprender al enemigo “siempre que se pueda” y “no dejarlos dormir ni de día ni de noche, para que las enfermedades hagan en ellos más estragos que nuestras armas…”
En caso de retirada del enemigo, se debía verificar que no se trataba de una estratagema a fin de confundir a los patriotas, quienes, en cambio, debían perseguir al enemigo por medio de “guerrillas ambulantes que le hostilicen por todos lados; si avanzan hágaseles caer en emboscadas y acribíllese a todo trance con guerrillas, como se ha dicho arriba, en una palabra, hágasele a todo trance y en toda extensión de la palabra, la guerra de manigua y de un enemigo invisible”.
Así era el genio militar de Mella, quien se definió como “soldado de la columna del 27 de febrero”. Bajo la divisa de “Patria, honor y humanidad”, proclamó que “La República Dominicana nunca ha dejado de existir; ni la traición, ni los patíbulos, pudieron aniquilarla…”
Llamó al pueblo a la insurrección, al tiempo de aclarar: “La insurrección no es un crimen cuando ella ha llegado a ser el único medio para sacudir la opresión…”
Acaso una de las reflexiones nacionalistas más elevadas de Mella, digna de Duarte, Hostos o Martí, nos dice: “La América debe pertenecerse a sí misma; así lo dispuso Dios, cuando entre ella y la vieja Europa puso la inmensidad del océano.” ¡Loor eterno a tan ilustre prócer de la Patria!