La realidad lingüística en los medios de comunicación de la República Dominicana
Cuando informar importa más que expresarse bien
“Colocar al frente de un programa de radio o de televisión a un discapacitado lingüístico es como poner de inspector de semáforos a un daltónico...”
(Pedro Luis Barcia)
Contrario a lo que debería ser su verdadera función, en el uso cotidiano de la lengua, en los medios de comunicación de nuestro país, se leen y escuchan las más sorprendentes y hasta jocosas irregularidades léxicas, semánticas, sintácticas y morfológicas. Imperan en ellos los vulgarismos, la fraseología insípida, impúdica u obscena, los errores conceptuales, el estilo coloquial y de frases que se apartan del registro estándar de la lengua. Medios en los que, a la hora de informar, se prestigia más el contenido que la forma expresiva, descuidando casi por completo esta última, creando así las condiciones para que los hablantes integren a su repertorio léxico una cantidad considerable de errores.
Quienes de manera periódica operan en la radio, la prensa y la televisión, más que formar prefieren adaptarse lingüística y culturalmente al receptor, y merced a este proceder, en los comunicadores nuestros prima la idea de que se debe hablar y escribir para los iletrados, imitar su lengua, emplear su sociolecto, vale decir, utilizar siempre la norma popular o las formas expresivas de los sectores menos instruidos; porque solo así, falazmente se afirma, «esos sectores pueden entendernos…».
En tal virtud, para llevar a cabo su “función orientadora”, los usos lingüísticos que se prestigian son, extrañamente, los correspondientes a los hablantes que poseen más bajo nivel de escolaridad. De ahí que en la cabina de radio y televisión se hable como si se estuviera en el cuarto de la casa, en la esquina del barrio o en la gradería del estadio. Tan preocupante realidad lingüística se pone de manifiesto tanto en la comunicación oral como escrita.
Para comprobar los desajustes expresivos de la lengua oral, basta escuchar uno que otro de los tantos programas de opinión que se transmiten en nuestro país. En estos espacios se dice y se oye de todo: gritos, amenazas, insultos, injurias, irregularidades articulatorias, vulgaridades... Y cuando de la lengua escrita se trata, el problema es aún más grave.
Conforme al juicio precedente, si leemos con detenimiento y espíritu analítico los diferentes diarios que circulan en nuestro país, en estos fácilmente descubriremos los gazapos o desaciertos morfosintácticos y lexicosemánticos que en esos medios se publican. Discordancias, faltas ortográficas, errores conceptuales, uso inadecuado de los signos de puntuación, corte indebido de palabras al final del renglón y la presencia de frases ambiguas o pleonásticas, se destacan entre las más frecuentes de esas irregularidades.
En el plano de la oralidad, esta realidad se ha tornado más crítica con la irrupción de los mal llamados «talentos» e «influencers» en los canales de youtube. Para muchos de estos exponentes, parece no existir frenos o límites de carácter ético y lingüístico cuando del uso de las más espantosas vulgaridades, insolencias y procacidades se trata. Y su conducta idiomática es entendible por cuanto la mayoría de ellos, aparte de su baja competencia académica, carece de plena conciencia acerca de cuál es la verdadera función de un medio de comunicación.