Ramfis en el Confesionario
La cruda visión de Ramfis Trujillo tras la muerte del dictador
En su segundo abordaje al general Rafael Trujillo Martínez, Ramfis, en su idílico chalet hogar situado entre la bahía de Andrés y la playa de Boca Chica -promovida como balneario capitalino por su benefactor don Juan Vicini-, con sinfonía de pitazos del ingenio azucarero y el puerto de embarque al fondo, John Bartlow Martin, enviado del presidente Kennedy en septiembre de 1961, continuó su penetrante indagatoria sobre las opciones que presentaba el drama dominicano tras el ajusticiamiento del Generalísimo Trujillo.
Un tema que preocupaba prioritario a Washington en el contexto de un Caribe convulso que elevaba la temperatura de la llamada Guerra Fría luego de la revolución cubana, su curso expropiatorio de corporaciones norteamericanas y el acercamiento a la Unión Soviética, que tendría su punto de inflexión un año después en la Crisis de los Cohetes de octubre de 1962. Más la ya desde entonces notoria vocación de “exportar la revolución”, con la Venezuela de Betancourt ardiendo por las guerrillas urbanas de las FALN apoyadas por la Cuba de Fidel.
¿No era realmente imposible la formación de un gobierno de coalición mientras los Trujillo estuvieran en el país? -le observó juicioso un empático entrevistador John Bartlow Martin a Ramfis. “Eso mismo le dije a Balaguer”, respondió con presteza el general Trujillo hijo. Quien ostentaba la jefatura del estado mayor conjunto de aire, mar y tierra desde sus dominios en la todopoderosa base aérea de San Isidro. Dotada de una formidable flota de aviones de combate, artillería pesada, la mayor concentración de blindados modernos del país, incluyendo AMX franceses, infantería entrenada y fogueada. Con la Academia de oficiales y el Centro de Enseñanza de las fuerzas armadas, operando en una verdadera ciudadela militar. Locus por excelencia de la fuerza y el poder.
“Quizás, sugirió el hijo favorito del extinto dictador dominicano -tenido por playboy y atildado polista, además de frío y sádico ejecutor de los expedicionarios del 59-, todos intentan resolver el problema dominicano prematuramente. Apenas han pasado cuatro meses (del 30 de mayo). Lo que se necesita es tiempo”, argumentó. Le dije entonces, apunta Martin, que este era el primer terreno común que yo había detectado entre él y la oposición, la cual también señalaba que requería de más tiempo.
A seguidas me espetó: “Pero ellos dicen que quieren eliminarnos -refiriéndose a la oposición. Nosotros podemos matarlos a ellos. Nos piden que nos vayamos. Se supone que debemos asegurarnos que no puedan deshacerse de nosotros. No entiendo esa clase de democracia”, reflexionaba en voz alta un filosófico Ramfis, regostándose en su cuarto de hora de poder hegemónico. Justo al hablar a los oídos atentos del emisario del verdadero Hegemón hemisférico que se disputaba el dominio global con la URSS y sus aliados.
Le pregunté si no temía que las tuercas se estuvieran apretando demasiado, que las fuerzas opuestas pudieran chocar y se produjera en consecuencia un baño de sangre. Respondiéndome que, “si eso sucedía, ellos (aludiendo a la oposición) se llevarían la peor parte”.
Expresó sorpresa genuina e ingenua por el curso que han tomado los acontecimientos. “Finalmente creí que la oposición estaría satisfecha con la postura del gobierno respecto a la democratización. Pensé que estarían sumamente satisfechos con el camino adoptado. Me sorprendió que demostraran tal falta de aprecio”, se quejaba Ramfis aparentando estar bastante dolido.
Tras permanecer callado por unos minutos, mi interlocutor apuntó: “Veo el futuro muy oscuro. Es muy difícil mover un país sin un líder. Ellos, refiriéndose a la oposición, me recuerdan el pasado. El único punto brillante es la unidad de las fuerzas armadas. Ellas pueden mantener la estabilidad ante cualquier eventualidad. Sigo insistiendo en las fuerzas armadas. Son el salvavidas en una situación difícil”.
Este enfoque, obviamente, contradice todo lo que tanto él como el régimen pueden decir sobre el reiterado peligro terrible de un golpe militar por parte de oficiales descontentos. Aproveché para señalarle que entonces no parecía haber gran riesgo de un golpe militar, con lo cual estuvo de acuerdo. Le dije que también pensaba que la amenaza de la izquierda no era asimismo importante. Afirmó: “Estoy seguro de eso”.
Le pregunté si la historia no estaba en contra de su padre. Dijo que en todo el mundo la derecha parecía estar en decadencia, tendiendo a desaparecer, mientras que la izquierda iba en ascenso. El único gobierno fuerte en el mundo era el de izquierdas. Entonces, ¿no había centro?, le cuestioné. “No, me respondió. Tito y Nasser eran izquierdistas fuertes que se hallaban en ascenso. Mientras Chiang y Franco, los hombres fuertes de la derecha, estaban pasando”. Le cuestioné sobre cómo caracterizaba a su juicio el gobierno de Balaguer. “Es de derecha. Pero tendría que cambiar, moderarse, ir hacia el centro”.
Al final, le pregunté que si tenía algún mensaje para que yo lo llevara de vuelta a mi país. Me dijo, “tendremos que esperar a que las cosas se resuelvan lo mejor posible. Y creo que la mayor necesidad es el apoyo moral a Balaguer. Porque las cosas podrían ser peores. Mis intenciones son claras. Lo mejor que puede hacer Estados Unidos es respaldar a Balaguer. Esperar un gobierno aún más civil no es posible ahora mismo. Lo que necesitamos es la solución más rápida y eficaz. Por el país y por mí.”
En su reporte comprensivo al presidente Kennedy, John Bartlow Martin le informa, conforme datos suministrados por el coronel Edwin H. Simons, agregado del USMC, un estimado de las fuerzas armadas dominicanas. Iniciando por la Aviación Militar comandada por Fernando A. Sánchez hijo, Tunti, con unos 4 mil efectivos, artillería, blindados y 50 naves, entre ellos 30 Vampiros Jets. El Ejército Nacional, bajo Virgilio García Trujillo, con personal entre 15 a 17 mil, en 7 brigadas y 15 regimientos. La Marina de Guerra, dirigida por Facundo Esteva, con 3,500, 2 Destroyer, 2 Destroyer escoltas y 5 corbetas.
A lo cual se sumaba la Legión Extranjera con unos 2,500 voluntarios y mercenarios en 6 batallones. La Policía Nacional, con alrededor de 3 mil efectivos organizados militarmente. Para un total oscilante entre 28 y 30 mil uniformados. En tanto la oposición hablaba de 100 mil hombres bajo las armas, que Martin consideraba una gran exageración. Representando el 18 % del presupuesto nacional.
El enviado de Kennedy indicaba que, aunque el EN era numéricamente mayor, la AMD era la llave del poder. En su visita a San Isidro, Martin contó en sus pistas de aterrizaje y hangares 9 Douglas DC-3, 20 De Havilland Vampiros ingleses de turbo reacción, 15 AT-6 y 5 Curtiss C-46. Con excepción de Venezuela y Cuba, el coronel Simons entendía que la dominicana era la tercera mayor fuerza aérea del Caribe. En el portal digital de la actual Fuerza Aérea Dominicana se consigna que entre julio de 1952 y noviembre de 1961, se adquirieron 42 Mustang P-51, 25 Thunderbolt P-47, y 30 De Havilland Vampire. Fortaleciendo la capacidad operativa de esta rama élite de las fuerzas armadas dominicanas, mimada por el hijo consentido del Jefe.
En San Isidro el coronel Echavarría (de seguro el coronel piloto Pedro Santiago Rodríguez Echavarría, quien sería ascendido en noviembre del 61 a general por Balaguer y designado jefe de la AMD) acompañó a Martin a un recorrido por la base para mostrarle sus instalaciones, que el sagaz indagador aprovechó para sondearlo. En el hipotético caso de que Ramfis partiera abandonando su mando y el país, ¿qué sucedería? La respuesta no se hizo esperar: “los militares actuarían para evitar otra Cuba y ser fusilados”. El oficial se quejó de los insultos de la gente a los guardias e indicó que sin las sanciones habría dinero y reconciliación entre civiles y militares, porque habría trabajo. Lo cual encajaba con la retórica oficial que pugnaba por el levantamiento de las medidas punitivas.
Al respecto, Martin consideraba que tanto Ramfis como Balaguer exageraban los riesgos políticos -golpe militar y amenaza comunista- para presionar a Estados Unidos a levantar las sanciones. Para el coronel Simons los militares estaban confundidos y tensos, añorando los años dorados de la Era. Identificando como los más capaces para dar un golpe a Tunti Sánchez y a (Pedro Rafael Ramón) Rodríguez Echavarría, comandante AMD en Santiago. En sus contactos, Martin encontró 4 generales, 2 coroneles y 2 o 3 jefes policiales que estarían dispuestos a unirse a un movimiento contrario al gobierno Ramfis/Balaguer. Siendo pocos los oficiales que actuarían si los convencieran de un plan con chance de éxito. En un enfrentamiento EN y AMD, ésta sería la decisiva, como fuerza clave en el país.
El encuentro con Tunti Sánchez resultó ilustrativo. Hijo de un antiguo jefe del EN de los años 40, “alto, fuerte y arrogante, es la mano derecha de Ramfis, su íntimo y peligroso sucesor”. Remeda los viejos generales latinoamericanos y hace el papel del malo local, mientras Ramfis juega al playboy en París, marcando la diferencia entre la AMD y el EN. Para Sánchez, el pueblo no está preparado para la democracia. Confunde libertad con libertinaje. Sostiene posición independiente de San Isidro -donde dice radica el poder- si Balaguer ofrece a la oposición un gobierno de coalición. Tiene una pésima opinión de los políticos.
Le aseguró a Martin que mantenía chequeada a toda la oposición y que deportaría a algunos revoltosos. Considera que de levantarse las sanciones habría trabajo y dinero, apelando al dicho criollo “barriga llena, corazón contento”. Si permanecieran las sanciones, afirma, surgiría una dictadura ya sea mediante una junta o de tipo personal (Ramfis no quiere ser dictador). Apunta que las mejores relaciones entre Estados Unidos y la República Dominicana fueron con el Generalísimo. Y que las fuerzas armadas son trujillistas.
En caso de que Ramfis se fuera del país, se produciría un baño de sangre y sin el apoyo de las fuerzas armadas Balaguer no permanecería en el Palacio. “Si Ramfis se va, yo haría una pequeña república en esta base aérea. Soy hombre de opiniones firmes. Sé lo que quiero y qué es lo mejor para este país.” Así se anotaba, el hijo del general Fernando Sánchez y la excelsa diva doña Julieta Otero, como el futuro hombre fuerte del país. ¡Válgame, Dios!