Amor contra odio
El grito de Bad Bunny contra el odio y la discriminación
El fenómeno artístico puertorriqueño Bad Bunny acaba de hacer historia en los premios de la Academia de los Grammy, apareciendo por primera vez nominado en tres de las principales categorías con un álbum enteramente en español, algo nunca visto en un artista de habla hispana.
“Debí tirar más fotos”, el disco que le ha merecido más aplausos no generó tanta ovación como en el momento cuando el intérprete de música urbana pidió respeto para los latinos que viven en los Estados Unidos.
La gala de los premios fue receptáculo de toda la repulsa y los sentimientos de rechazo hacia los abusos que cometen los agentes federales, no solo contra los hispanos que residen en suelo norteamericano, sino contra estadounidenses que son víctimas de sus excesos, llegando al extremo de que dos ciudadanos murieron a manos de ellos.
Nominado con su producción en español en las tres principales categorías, “mejor álbum, “canción” y “grabación del año”, el clamor del público y de la mayoría de los artistas premiados y asistentes, llegó a su punto de éxtasis cuando el hijo de Puerto Rico en un ejercicio de parresía dijo: “no somos salvajes, no somos animales, somos seres humanos, no somos extraterrestres, somos americanos”.
El artista disparó una idea que valió todo el espectáculo: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.
Con una expresión tan bella, que retumbó en toda la Arena de Los Ángeles y en las memorias de los millones de espectadores de todo el mundo que disfrutaron desde sus casas los Grammy, Bad Bunny puso el dedo en la llaga sobre el dilema que enfrenta la sociedad norteamericana: odio contra el amor.
No se trata de regatear el derecho que tienen las autoridades de los Estados Unidos de repatriar a todo aquel que haya entrado sin documentos a ese país, tampoco quitarles legalidad a las políticas migratorias de esa nación como forma de protegerse de la delincuencia y de otras amenazas en su propio territorio, el punto es que los ciudadanos estadounidenses o no, puedan ser tratados con dignidad y respeto.
Los padres fundadores de esa gran nación no lucharon para que el odio sea el motor que Estados Unidos necesita, de modo que siga siendo el país grande que es desde su fundación, una nación que sirve de inspiración a tantos seres humanos del mundo, quienes optan por dejar a su país de origen y probar mejor suerte allí.
Las heridas dejadas por la lucha racial no pueden seguir siendo profundizadas, tomando como motivación el odio y el tema racial. Si hay un país que desde su creación sirve de estímulo a ciudadanos de otras partes del planeta, sin importar raza, religión o color, se llama Estados Unidos porque lo construyeron inmigrantes. El odio no es un estímulo positivo para enseñar a las nuevas generaciones a ser grandes. El odio divide, desgasta y envenena a los seres que lo cultivan dentro de su ser.
Si a las necesidades que padecen las poblaciones marginadas y vulnerables que residen en Estados Unidos (afroamericanos, latinos, homosexuales, lesbianas y otros grupos) le sumamos ese elemento destructivo, el tiempo convertirá a ese gran país en una nación del tercer mundo.
Porque el odio ciega, el odio margina, el odio corroe, el odio mancha, el odio envenena el alma y no permite que el ser humano avance.
Ante todos los epítetos lanzados por el presidente de los Estados Unidos contra el intérprete puertorriqueño cuando los organizadores del Súper Bowl anunciaron su actuación en el espectáculo deportivo más visto del mundo, Bad Bunny da ejemplo de humildad, empatía, respeto, nivel y una educación fuera de serie. Mis respetos y admiración para ese joven caribeño, cuya música no consumo. ¡Dios lo siga bendiciendo!