La necedad del PLD
Una parte de la dirigencia insiste en seleccionar con antelación al candidato presidencial
Incomprensible resulta el afán de una parte de la dirigencia del Partido de la Liberación Dominicana de seleccionar con antelación la figura que presentarán como candidato presidencial para los comicios del veintiocho. Fuera de pasiones o compromisos grupales o personales, nada explica o justifica esa ruta; es un camino desaconsejable, por dondequiera que lo tomen.
Lo primero que llama a evitarlo es la experiencia, lo hicieron para las pasadas elecciones cuando eligieron su candidato con casi dos años de antelación, y todos conocemos los resultados. Con diferencias en relación con lo que ahora acontece, pues entonces existía unanimidad entre todos los aspirantes y el liderazgo morado para realizar ese proceso, y contaron con la complicidad de la Junta Central Electoral y la permisividad de las demás instituciones y la mayor parte de la sociedad.
En esta oportunidad no cuentan con ninguno de esos factores. No hay ni siquiera consenso entre aspirantes y dirigencia, mucho menos unanimidad; la Junta está enfrascada en el cambio de cédula, y hace rato dijo que no permitiría violaciones a la ley con proselitismos y selección de candidatos de manera adelantada; y la sociedad se mantiene alerta, bastante cansada de los partidos y sus triquiñuelas y chicanas para burlar las leyes.
Pero además como condicionante pesa la jurisprudencia del Tribunal Superior Electoral, que hace menos de un año estableció con claridad meridiana que el PLD no puede reunir sus organismos para preseleccionar aspirantes y definir mecanismos de selección de candidatos fuera de los tiempos legales. Que eso viola ley y limita los derechos de elegir y ser elegido de sus militantes.
Sin embargo, cuál caballo desbocado quien sabe conducido por cuales fuerzas o intereses, una parte de ese partido se mantiene empeñado en adelantar el proceso bajo la falsa y perniciosa premisa de que no hacerlo comprometería el éxito de su participación en el próximo ciclo electoral.
Y nada más alejado de la verdad. Ese partido marcha bien y luce en franca recuperación. Su presidente Danilo Medina y su secretario general Johnny Pujols encabezan asambleas todas las semanas que entusiasma a su militancia y sirven de plataforma para lanzar críticas al gobierno que permiten constante presencia en el debate político y la agenda noticiosa nacional.
Si a eso se adicionaran un buen puñado de aspirantes presidenciales, los que ya salieron y otros que puedan animarse en los próximos meses, junto a miles de dirigentes buscando candidaturas municipales y congresionales en todos los territorios, encandilando las bases con las miras puestas en primarias competitivas a celebrarse en octubre del veintisiete. Con más de dos años por delante, con una obra de gobierno que necesariamente se colocara sobre las mesas de las comparaciones, el Partido de la Liberación Dominicana puede convertirse en una opción electoral competitiva en el próximo proceso.
Ojalá que la pasta de aquello, que no es jabón, que le acaba de lanzar a ese sancocho el aspirante presidencial Abel Martínez les obligue a reflexionar y recalcular la hoja de ruta. Insistir en lo otro es una necedad y garantiza otros desprendimientos que podría colocar al PLD rumbo a la intrascendencia electoral.