Balaguer en el Atril
El ajedrez político de Balaguer tras la caída de la dictadura
Antes del arribo de John B. Martin a Ciudad Trujillo en septiembre del 61, como emisario del presidente Kennedy para auscultar in situ la fluida transición e interactuar con los factores claves del poder (remanentes de la dictadura) y los grupos emergentes de la oposición (UCN, 14 de Junio y PRD), en el tablero local se movían las fichas. Mientras en la escena interamericana se verificaban posiciones divergentes, una favorable a levantar algunas restricciones y proveer ayuda alimentaria de los excedentes agrícolas norteamericanos. Otra más dura, con Venezuela al frente, que exigía evidencias tangibles de la remoción de aquellos elementos que condujeron al atentado a Betancourt.
En el contexto, Balaguer y Ramfis tendían a converger para garantizar la proclamada democratización acompasada y lograr el levantamiento de las sanciones, cuyo efecto corrosivo en la economía se estimaba en 90 millones de dólares. La oposición, con Unión Cívica a la cabeza, presionaba en sentido contrario, consciente de que las sanciones eran su arma más letal para forzar una real democratización que condujera a elecciones libres. Enfatizaba destrujillizar el régimen -meta compartida con el 14 de Junio- con la salida de los Trujillo, la disolución de los cuerpos represivos más odiosos y el super poderoso Partido Dominicano.
Durante 31 años el PD operó como partido único con el aporte a su tesorería del 10 % de los sueldos públicos, una red de sólidos locales en todo el territorio, programas de beneficencia y animación artística, más una aplastante maquinaria propagandística y movilizadora. En el enfoque cívico -que ganó la aquiescencia de JFK-, se trataba de nivelar el terreno de juego para poder competir en mejores condiciones.
A nivel continental, se celebró en agosto en Punta del Este la Conferencia que consagró la Alianza para el Progreso, un plan de ayuda económica de Estados Unidos a América Latina para apuntalar reformas sociales e institucionales. Con la presencia pugnaz como jefe de delegación del Che Guevara, cuestionando la estrategia norteamericana orientada a aislar el régimen cubano mediante la revelación de documentos secretos del Departamento de Estado y el recordatorio de la invasión de Bahía de Cochinos de abril del 61.
El 9 de agosto de 1961, apenas 9 semanas después del decisivo 30 de Mayo que marcó el inicio del fin de la feroz dictadura de Trujillo, la prensa recababa la opinión del presidente Balaguer sobre tópicos candentes de la transición. Servida en los medios locales y a través del despacho de Robert Berrellez de AP, destacaba que según el presidente Balaguer ningún miembro de la familia Trujillo se postularía a la presidencia en las elecciones pautadas para el 16 de mayo del 62. Garantizando que el general Trujillo hijo carecía de ambición política. Cuestionado sobre rumores de un movimiento en el Partido Dominicano para respaldar la candidatura del general J. Arismendi Trujillo, Balaguer indicó que en los momentos actuales esa posibilidad suscitaría oposiciones violentas y no representaría una carta de triunfo para el PD.
El astuto político que ya mostraba atributos peculiares que luego desplegaría durante cuatro décadas de protagonismo, lanzaba al ruedo uno de sus sinuosos recursos -quizá evocando al taimado Bobadilla que disimulaba sus reales intenciones ocultándolas entre los pliegues de su propia elocuencia, tal como lo caracteriza en su obra Los Próceres Escritores. “El Jefe del Estado dijo que su deseo era retirarse de la política, pero cuando se le preguntó si aceptaría la candidatura presidencial si lo postulaba el Partido Dominicano, respondió: “Tal vez sí, tal vez no. Depende de las circunstancias de si es necesario para el bien de la Nación y su democratización”.
Expresó Balaguer que su inclinación personal consistía en que se postulara un solo candidato nacional en las elecciones para una etapa transicional entre el absolutismo del pasado y una plena democracia. Manifestó que le agradaría ver un Gobierno de coalición y que esta preferencia suya probablemente pueda conciliarse con el programa de Unión Cívica Nacional que favorecía la constitución de un Gobierno provisional de dos años.
Abogó por que ninguna fórmula que se adoptare alterara la constitucionalidad. Comentando: “No hay obstáculo para la democratización, porque si esa es la voluntad del pueblo así se hará. Contaba con el patrocinio del General Trujillo hijo.” En la entrevista, se mostró satisfecho del progreso alcanzado hasta ahora en el proceso de democratización y liberalización de las instituciones y dijo que el propio Partido Dominicano estaba liberalizando su plataforma política. De hecho, había renovado la presidencia que ejerciera con efectividad patriarcal don Cucho Álvarez Pina, al elegir al Lic. Luis R. Mercado como su timonel, desarrollando un intenso plan de reestructuración nacional.
Balaguer declaró que las autoridades de Migración tenían órdenes de prohibir la entrada al país de los exiliados dominicanos que regresaren procedentes de Cuba. Informando que algunos dirigentes del Movimiento Popular Dominicano que ya habían vuelto del exilio en Cuba habían pedido pasaporte para marcharse de nuevo. “Agregó que la Policía mantendría a los izquierdistas, extremistas y a los agitadores alejados del escenario durante el período de transición.”
En la visión de Balaguer de ese momento -condicionado a la conveniencia derivada de las circunstancias cambiantes-, el proceso de democratización requería de tiempo, de un juego equilibrista que le permitiera ir desmantelando progresivamente los aspectos más sórdidos del aparato de la dictadura, promoviendo en el primer plano del Estado y del Partido Dominicano al trujillismo moderado de la luz -para tomar prestada la metáfora empleada por Peña Gómez para calificar a un sector del Partido Reformista, cuando le interesaba cobijar y legitimar en alianza variopinta dirigida por el PRD a Fernando Álvarez Bogaert y sus partidarios.
Por ello, al iniciar julio del 61, el gabinete de Balaguer -excepto el general Santos Mélido Marte Pichardo, quien ostentaba la Secretaría de las Fuerzas Armadas- dimitió para permitir al presidente realizar los arreglos convenientes al momento. Armando Oscar Pacheco fue designado en la Presidencia, Herrera Billini, quien ocupaba la cartera de Exteriores, pasó a Interior, cubriendo su posición Ambrosio Álvarez Aybar, padre del actual canciller. El industrial licorero petromacorisano Pedro Justo Carrión asumió Finanzas, en lugar de José Quezada, Mauricio Álvarez, Agricultura, y Salvador Ortiz, Industria y Comercio.
Tabaré Álvarez Pereyra -quien guardaba con celo a Luis Amiama Tió en un closet de su residencia en La Julia, entonces prófugo como conjurado del 30M- pasó a Salud Pública. Mi vecino José Ángel Saviñón a Trabajo, don Temístocles Messina a Justicia y Manuel Salvador Gautier a Obras Públicas, reemplazando a un brillante arquitecto humanista José Antonio Caro Álvarez, figura clave como Rector de la Universidad de Santo Domingo en la consagración de su fuero y autonomía.
En el nuevo elenco gubernamental de la transición descollaba Emilio Rodríguez Demorizi -igualmente cercano a Ramfis como instructor en la Academia Batalla de las Carreras-, en Educación y Bellas Artes. Diplomático, historiador destacado ex director del AGN y presidente de la Academia Dominicana de la Historia, Demorizi jugó papeles relevantes al recibir en el Aeropuerto Trujillo a la avanzada del PRD encabezada por Miolán e introducirla ante Balaguer y Ramfis. Este consintió el cambio de nombre del parque costanero que llevaba el suyo, obra del arquitecto Guillermo González, por el del ilustre educador Eugenio María de Hostos, a sugerencia de Demorizi.
Muchas otras personalidades del quehacer público asumieron mayor protagonismo, oxigenando el ambiente político, como el escritor y diplomático Héctor Incháustegui Cabral, Miguel Ángel Jiménez, quien dejaba la cartera de Educación para postular en las columnas de opinión con solvencia, En el área económica Jaime Álvarez Dugan, Julio César Estrella, y Salvador Ortiz representaban una nueva generación, mientras Virgilio Díaz Ordóñez, Carlos Sánchez y Sánchez, Rafael Herrera Cabral participaban en los foros internacionales. Virgilio Díaz Grullón -quien fuera líder del movimiento Juventud Democrática en el 46- se desempeñaba en la subsecretaría de la Presidencia.
La prensa oficial enfilaba en septiembre contra Viriato Fiallo, Luis Ml Baquero y Moncho Imbert, acusándolos de promover una intervención militar en Washington para acelerar la transición de cara a elecciones libres. La Danza de las Horas, que emitía Radio Caribe y publicaba El Caribe, contrastaba patriotismo y xenofobia. “Somos dominicanos hasta la médula de los huesos. Nunca xenófobos. Extranjeros hubo en las batallas por nuestra libertad. Figuran en las crónicas de la evolución cultural de nuestro pueblo. Ofrecieron sus plumas y sus mentes en los días amargos en que el imperialismo nórdico ofendió nuestra soberanía con hordas desbocadas. Extranjeros hay ahora entre los que han comprendido la verdad de nuestra realidad político social.
Extranjero fue el padre de Duarte y dio a los dominicanos carne viva de patria en palpitar de glorias. Extranjero era Hostos y su nombre está ligado al devenir de las ideas en nuestra comunidad. Extranjero era aquel iluminado sacerdote Gaspar Hernández y clavó la idea de libertad en el alma de los trinitarios.
Nacieron en Venezuela Horacio Blanco Fombona y Manuel Flores Cabrera, periodistas encarcelados por oponerse a los desmanes de los militares yanquis en la Ocupación. Norteamericanos eran Horace C. Knowles, Ernest H. Gruening, Oswald Garrison, Lewis S. Gannett y Samuel G. Inman, quienes defendieron los derechos de nuestra nación. Manuel Ugarte era argentino, cubano Emilio Roig de Leuchsenring y mexicano Isidro Fabela y contribuyeron con su prestigio intelectual y la verdad expuesta a la causa dominicana contra los abusivos mandobles del imperialismo.”
El nacionalismo henchido en la tinta de las plumas opinantes del trujillismo renovado del momento, amenazaba en un giro de consumo público con engullirse a la Compañía Dominicana de Teléfonos (CODETEL).