La expresión de doble sentido
Cuando el significado depende del oído: el fenómeno lingüístico del doble sentido
En la expresión lingüística, el doble sentido siempre ha existido, y por lo general, casi siempre alude en forma sutil o sugerente a todo lo relacionado con el sexo o lo sexual. Un verso, una frase, una palabra o un enunciado posee doble sentido cuando el receptor, oyente o lector, le confiere al mensaje percibido un sentido que no necesariamente estuvo concebido en la intención comunicativa del sujeto emisor de dicho mensaje. De esa manera, en el proceso comunicativo entran en acción dos sentidos o intenciones comunicativas distintas: el sentido del emisor que habla y escribe y el sentido del receptor que escucha y lee. En todo caso, el humor, el morbo y lo atrevido o prohibido está siempre presente en la expresión de doble sentido.
Conforme al juicio precedente, conviene reiterar que, en determinados contextos, la naturaleza tabú o atrevida del mensaje, no siempre resulta sugerida por el hablante emisor, sino morbosamente interpretada por el sujeto perceptor. Fue lo que en octubre del 2021 le sucedió al presidente Luis Abinader, quien en una rueda prensa respondió una pregunta afirmando que «Es mejor tenerlos afuera, que tenerlos adentro…». Eso dijo el gobernante al contestar la pregunta de una periodista sobre qué pasaría con los agentes policiales que al ser evaluados se demostrara que no estaban aptos para continuar brindando sus servicios en la institución. La respuesta, sin embargo, causó muchos revuelos y no menos mensajes de burlas.
Según la construcción formal de la idea expresada, el doble sentido bien podría clasificarse en dos categorías: artístico y vulgar. Este último dice, esto es, alude a la realidad de manera directa, explícita o transparente. Ejemplos de este podemos encontrarlo en las letras de bachatas, merengues, reguetones y en los llamados cuentos «coloraos».
El primero, el doble sentido artístico, sugiere, no dice, esto es, expresa la realidad en forma indirecta, estética o metafórica, entrañando en todo momento un fino humorismo y una elegante picardía, como los versos que se transcriben a continuación, pertenecientes a nuestro folklor poético:
«SI YO FUERA ZAPATICO»
«Si yo fuera zapatico,
yo me calzara en tu pie,
y ahora tuviera viendo,
lo que zapatico ve»
(Anónimo)
Pero fue nuestro genial poeta popular, Juan Antonio Alix (1833 – 1918), quien con mayor salero, picardía, gracias y maestría cultivó este tipo de doble sentido, es decir, el artístico. Veamos una auténtica muestra:
desde el tronco, un Juan Bobo,
-Muchacha, ¿qué fruta es esa?,
y teresa que no quiso,
pasar por boba ante Juan,
- ¿Tú has visto frutas sin rizo?,
- ¡Ay, ¡cómo no!, y la que Adán,
se comió en el paraíso»
Pero ¡cuidado!
No debe confundirse el doble sentido con la ambigüedad característica de la expresión poética. Cuando nuestro brillante artista Juan Luis Guerra dice, por ejemplo: «Quisiera ser un pez/para tocar mi nariz en tu pecera…», en poética alusión al sexo oral, eso no es doble sentido, sino simplemente ambigüedad, que es el rasgo por excelencia del texto literario.
Un texto es ambiguo cuando admite varias interpretaciones, esto es, cuando dos o más personas lo interpretan de maneras distintas. En el doble sentido, vale reiterarlo, y como su nombre lo indica, solo intervienen dos interpretaciones: el sentido del emisor que emite el mensaje y el del receptor que lo interpreta de manera distinta. Merced a este planteo, es posible que muchos lectores jamás piensen que de la gripe se trata cuando lean un texto del tipo: «Vas a ser mi próxima víctima, te arrastraré hasta la cama, te haré temblar de arriba abajo, poseeré tu cuerpo, no te podrás librar de mí. Te espero»
A propósito del tema que nos ocupa, durante el período de los dos años de gobierno del doctor Joaquín Balaguer, causó gran sorpresa y muchos comentarios el famoso decreto aquel, leído públicamente por el entonces presidente, en cuyo contenido se prohibía la difusión de algunos merengues:
«El Poder Ejecutivo ha prohibido los siguientes merengues: “El guardia con el tolete, no por el guardia, sino por el tolete”; “La gotera de Juana”, no por Juana, sino por la gotera; “Remenéame los mangos”, sino por el remenéamelo, y “El negrito ahí…”, no por el negrito, sino por el ahí»
Meses después prohibió el pimentoso merengue “Los limones”, interpretado por el Conjunto Quisqueya, sancionado fundamentalmente por las letras de su estribillo: “Pónmelo ahí que te lo voy a partir…”. Para justificar tales prohibiciones, se alegó que las referidas piezas musicales, por su fuerte contenido de doble sentido, constituían una clara afrenta al pudor, a la moral y a las buenas costumbres.
En lo que al doble sentido atañe, valdría preguntarse: ¿cuándo se produce?, ¿dónde podemos encontrar su raíz, en la estructura semántica de la frase, en la mente del sujeto que la emite o en la del receptor que la recibe y descodifica?
Si bien es cierto que muchos hablantes comunican una idea mensaje pretendiendo pícaramente que se interprete otra distinta, todo parece indicar que ciertamente es el receptor quien suele desentrañar un sentido que nunca formó parte de la intención comunicativa del emisor o de quien expresó el mensaje aparentemente de significación doble. En otras palabras, y como ya hemos afirmado, más que en la intención comunicativa de quien emite el mensaje, el doble sentido parece estar presente en la mente de quien lo recibe, descodifica e interpreta.
Bolsonaro es trasladado al hospital en Brasil tras malestar en la cárcel
ONU señala que tropas israelíes han incursionado hasta 7 kilómetros en territorio libanés
La policía neerlandesa arresta a cuatro sospechosos por el incendio en una sinagoga
Donald Trump no tiene una fecha de cuándo se podrán escoltar los tanqueros por el Estrecho de Ormuz