A dos años de las elecciones
Fuerza del Pueblo y PLD ante un escenario de suma cero para las próximas elecciones
A dos años vista resulta muy prematuro proyectar lo que podría suceder en las próximas elecciones. Sin embargo, adicionando un poco de sentido común a los datos que arrojan las encuestas, se antoja realizar un ejercicio especulativo sobre los potenciales escenarios que enfrenta cada partido político.
Para el Partido Revolucionario Moderno, la valoración personal del presidente y su gestión es todavía su principal activo para intentar prolongar su permanencia en el poder. Y aunque acusa el desgaste que suponen casi seis años de gobierno, como organización continúa liderando las simpatías, y quien encabeza su batería de aspirantes es también el favorito para las elecciones del veintiocho. Por lo que su principal reto será mantener la unidad tras el delicado reto de elegir candidaturas.
Estatutariamente deben renovar mandos internos a mitad de este año, y mientras bajo la premisa de evadir tensiones adelantadas y evitar debates y reyertas partidarias en medio de una crisis económica que obliga a gobernar un sector de su dirigencia trabajaba para que los cargos se escogieran por consenso, otra parte planteaba que la aplicación de ese modelo asfixiaría la democracia interna y que deberían elegir autoridades con el voto directo de los militantes.
Ante esta disyuntiva parece que optarán por una tercera opción, que sería extender el mandato de las actuales autoridades entre uno y dos años, y renovar sus estructuras en los meses posteriores a las elecciones. Un mensaje para sus adversarios, pues si la dirigencia de ese partido continúa actuando con ese nivel de sensatez, prudencia y madurez, será un rival difícil de vencer en el próximo torneo electoral.
En el caso de la Fuerza del Pueblo, es evidente que ha crecido como estructura y construido esqueleto en estos dos años, pero su fortaleza sigue soportada fundamentalmente en el músculo que otorga su liderazgo superior.
Mientras el Partido de la Liberación Dominicana es la cara opuesta, ha resistido ataques que hubieran destruido a prácticamente cualquier otra organización, una muestra de su robustez estructural. Sin embargo se mantienen las dificultades para identificar una cabeza de boleta con un liderazgo que conecte con la sociedad y opere como eje unificador de la dirigencia peledeísta.
Y aunque ambos partidos de oposición tienen retos distintos, enfrentan un escenario eventual similar. Pues su problema de cara al veintiocho es que, de no ganar las elecciones, lo mejor para sus respectivos intereses es que el otro las pierda y el oficialismo se mantenga en el poder.
Con un trasfondo personal, la animadversión entre sus liderazgos principales permite descartar cualquier interacción de buena fe, por lo que se daría por descontado que el retorno de uno de esos partidos al Palacio Nacional implicaría la absorción del otro a fuerza de decretos, como ya ocurrió en el pasado reciente con otras organizaciones.
Y con uno inhabilitado y otro aparentemente bailando su último cuplé, para ambos la supervivencia se presenta como un objetivo primordial. Una situación de suma cero, pero en este caso existencial.