Anacaona, símbolo de resistencia

La líder indígena que desafió los caprichos de la conquista española

La primera víctima de violencia contra una mujer de que se tenga noticia ocurrió en la isla y se remonta a los años de la Conquista cuando la cacica Anacaona, la más ilustre aborigen nacida en el terruño insular, esposa del cacique Caonabo y hermana de otro líder indígena, Bohechío, fue ahorcada por los españoles porque no se doblegó a sus caprichos imperiales.

Por considerarlo de un valor histórico relevante, en mi libro “Santo Domingo, génesis y ruptura de dos naciones”, dedico un espacio especial a una mujer inteligente, diplomática, bella y de carácter indomable, cualidades que le sirvieron para, en ausencia del esposo y de su hermano, sortear las tensiones derivadas de su liderazgo y poner límites a las pretensiones españolas de sojuzgamiento contra los autóctonos.

Anacaona fue pareja de uno de los caciques más indómitos. Ella sobrevivió al engaño de que fue objeto su compañero cuando mediante subterfugios fue capturado en 1495 por Alonso de Ojeda. Tras su aprehensión, Caonabo fue subido a una embarcación que lo llevaría a la península ibérica, pero los cronistas de Indias reportan que la embarcación naufragó y jamás se supo del valeroso líder indígena.

Del cacicazgo de Maguana, donde lideraba Caonabo, Anacaona tuvo que trasladarse a la zona donde guiaba su hermano Bohechío, que comprendía los territorios de lo que es Barahona, Pedernales, corriendo hacia el norte de esa frontera y toda la parte oeste hasta la península haitiana en la que se ubican Jacmel, Miragoane, Les Cayes hasta Jérémie. Todo pertenecía al vasto dominio de Bohechío.

Anacaona no huía de nadie, solo buscaba estar al lado de su hermano, pero la muerte de éste en el año 1502 le iba a deparar un rol principal en el liderazgo del cacicazgo de Jaragua. De acuerdo a las crónicas de Gonzalo Fernández de Oviedo, el sepelio de Bohechío reunió a todos los jefes indígenas. Un profundo vacío dejó la muerte de otro de los líderes más prestigiosos de la isla.

Bartolomé de las Casas hace referencia en sus apuntes que Anacaona mostró temple en circunstancias difíciles de su liderazgo, pero otro engaño parecido al que se le hizo a Caonabo, la iba a sorprender y llevarla al patíbulo.

Para los años de su liderazgo como mujer, la corona estaba representada en la isla por el gobernador Frey Nicolás de Ovando (1502-1509), quien para el año 1503 se presentó al cacicazgo de Jaragua con 370 hombres armados. Con areitos y banquetes, Anacaona recibió al representante español, quien disimulaba cordialidad.

En horas de la noche del tercer día de estancia, el bohío de Anacaona y su familia fue rodeado e incendiado. Capturada viva, Anacaona fue trasladada a Santo Domingo donde le fue hecho un juicio sumario y condenada a la horca. Con su ejecución, los españoles intentaban sofocar la actitud de batalla mostrada por los autóctonos ante los abusos y crueldades cometidos por los enviados de España.

La captura de Caonabo, la muerte de Bohechío y la caída de Anacaona, no apagaron el espíritu guerrero de los pobladores de la isla, pues el fuego libertario fue azuzado luego por Cayacoa y Enriquilo, bravíos caciques que continuaron con el espíritu de los pobladores originarios de la isla. Anacaona es la primera mujer en ser ejecutada por su condición de mujer y jefa de uno de los cacicazgos más importantes.

Anacaona es un símbolo caribeño y universal de resistencia y liderazgo femenino, a quien las generaciones modernas no han colocado en el puesto merecidísimo que debe ocupar. Ella es el arquetipo de mujer que, ante las adversidades, muestra decoro y reciedumbre.