Silbato sinfónico

Tres libros para sobrevivir a las pasiones dominicanas

La semana pasada prometí intentar una aproximación “aequeo animo” a la supernumeraria producción literaria local, asediada por ambos extremos de la mala crítica, una que anda cojeando con las muletas de teorías académicas como el posestructuralismo y la deconstrucción, otra que hostiliza obras y autores para desahogar frustraciones propias sin procurar orientar al lector de periódico sobre los placeres de las buenas lecturas y su potente influencia transformadora.

Orillada en cada extremo está la deleznable tradición del ninguneo, el silencio ante obras ajenas cuya promoción temen los mediocres empeñados en su vanidosa infatuación consigo mismos. Matar un texto aplastándolo con análisis teóricos o unívocas poéticas, priva al público del necesario estímulo que conduce a la creación de un más amplio mercado de lectores. Casi lloré al oír a un excelente poeta quejarse de que escribir en Santo Domingo es como presentar una obra de teatro ante un auditorio vacío. Al lector, al espectador, al consumidor de obras, debemos cuidarlo como a la niña de los ojos… Es una especie casi en extinción. 

 

Sobrevivir al desamor 

La psicóloga Ana Simó (Santo Domingo, 1965) presentó a fines de año su segunda obra de autoayuda, “Cómo sobrevivir al desamor” (Editorial Bienetre, S. D., 2025, 152 páginas), luego de su exitoso debut como autora de otro libro similar, cuyo tema es la infidelidad en las relaciones de pareja, que trasciende a los consabidos cuernos. La mayoría de los escritos sobre autoayuda o recomendaciones para el éxito personal son de poco interés para mí, no por malos, sino que hay un exceso de títulos con métodos, sistemas o fórmulas tan distintas y contradictorias, que cualquier lector capaz de un análisis serio de lo que lee podrá constatar que muchos autocalificados expertos son unos charlatanes. Pero este libro figura como líder en ventas en Librería Cuesta

La licenciada Simó es una figura conocida por sus intervenciones en programas de radio, televisión y medios digitales, aparte de dirigir un centro privado de salud mental especializado en terapia sexual. En su obra plantea la interrogante de qué ocurre en la pareja y la familia cuando el amor deja de ser suficiente. También, “¿qué queda cuando la pareja se va sin explicaciones, la familia hiere en lugar de sostener o la sociedad te rechaza hasta hacerte dudar de tu propio valor? En un mundo donde el desamor se disfraza de indiferencia, rechazo o ‘cancelación’, cada vez más personas se sienten solas, heridas y vacías”. ¡Ay! 

Quizás este es el libro ideal para algunos de los escritores, artistas y críticos ordinarios referidos al inicio de esta columna, pues tras repasar diversas manifestaciones del ninguneo Simó arriba a la esperada conclusión de que “el amor propio es el origen de todo vínculo saludable”. La invitación de Ana Simó a la introspección reflexiva, es una oportuna muestra de la poderosa influencia transformadora de la lectura (que el lingüista Meschonnic atribuye a la escritura), incluso de manuales de autoayuda como este que distan años luz del universo donde orbitan el cuento y la novela y la poesía y el ensayo. Cada lector con su hervor como cada oveja y su pareja… 

Sobrevivir a la izquierda 

En su obra teatral “Formión”, comedia sobre un letrado sinvergüenza, el autor latino Terencio (Cartago, c. 190-Arcadia, c. 155 a.C.), el mismo de “nada humano me es ajeno”, explica que cual sea el destino que la fortuna traiga, éste debe aceptarse estoicamente, con ecuanimidad y compostura. ¡Mis romanos, capaces de decir lo mismo con tantas sutiles variaciones! Porque Séneca, Marco Aurelio y Cicerón también refirieron, más de una vez cada uno, la necesidad de obrar siempre “aequeo animo”, desde una perspectiva neutra y sin apasionamiento. El día que explicaron esa clase estuvieron ausentes del aula la mayoría de los obcecados líderes de la difusa e ineficaz izquierda dominicana, longeva logia cuya percepción de sí mismos los eleva al Olimpo político romano, que distinto al homónimo griego también llamaban Caelus o “cielo”, morada celestial divina. 

El periodista Fausto Rosario Adames (Bonao, 1959), es fundador-director de dos de los más exitosos periódicos digitales del país, Clave Digital que se publicó de 2004 a 2010, y Acento.com , vivito y coleando aún. A fines de 2025, publicó “La Izquierda Vista por sí Misma” (UNIBE/Editora Búho, S. D., 657 páginas), con entrevistas con los protagonistas del accionar de “los tres troncos más importantes de la izquierda: el 14 de Junio, el Partido Comunista Dominicano y el MPD”, según dice el prologuista César Pérez. Faltan el precursor PSP de Juan y Félix Servio Doucudray, y otros, pero eso es otra discusión. 

Antiguos camaradas contándose unos a otros sus mitos y verdades da para una entretenida lectura pese al tufillo que trasunta la dedicatoria del autor “a los revolucionarios y soñadores dominicanos que idearon una redención del pueblo y en ese empeño entregaron sus vidas, en particular a los fallecidos que fueron entrevistados, Raúl Pérez Peña, Winston Vargas Valdez, Iván Rodríguez y Antonio Isa Conde”. Pérez Peña, exguerrillero dedicado al periodismo, falleció de 84 años en 2023 en una clínica. Vargas, apodado Platón, murió en su cama en mayo de 2025 en Santo Domingo; según Fausto fue de los secuestradores del coronel Crowley en 1970 pero realmente fue uno de los terroristas presos del MPD, canjeados por el agregado militar americano. Rodríguez, defensor a ultranza del castrismo, pasó a mejor vida con más de 80 años en 2023, siendo secretario general de un insignificante partiducho de izquierda que no alcanzó 3,000 votos en 2024 (0.06 %). Isa Conde, hermano de Narciso, eterno líder del PCD, ocupó varias altísimas funciones públicas por decreto y falleció en Miami en 2025 a sus 85 años, siendo un próspero empresario privado. 

Pese a cuan predecible es la narrativa, vale la pena hojear sus muchas páginas para encontrar una que otra interesante anécdota política, sujeta a verificación como la citada dedicatoria del autor a los cuatro sobrevivientes de la izquierda fallecidos recientemente. “La Izquierda Vista por sí Misma” también está entre los libros más vendidos por Cuesta

Sobrevivir a la crítica 

El afanoso y afamado Basilio Belliard (Moca, 1966), al decir del crítico Enegildo Peña, es “un intelectual de los 80, del Taller Literario César Vallejo del gestor cultural Mateo Morrison; es importante en nuestra literatura, reconocido por excelentes escritores anteriores a él. Muestra una vasta cultura con hondas y atinadas reflexiones literarias. Es de los mejores ensayistas nacionales, con una exquisitez estilística y un dominio conceptual impresionante”. Ahora que lo descubrí, concurro con el generoso juicio. 

Belliard es doctor en filosofía por la Universidad del País Vasco y académico de la lengua, autor de al menos otras doce obras y Premio Nacional de Poesía en 2002 por “Sueño escrito”. Recién publicó su más reciente libro, “El Centauro y el Búho, letras y autores de Santo Domingo” (Editorial Santiario, S. D., 2025, 408 páginas), en que reúne 64 artículos de prensa o breves ensayos sobre escritores del país, algunos del renombre de Mieses Burgos, Bruno Rosario Candelier, Soledad Álvarez y Enriquillo Sánchez. Hay otros que merecen ser más conocidos tras figurar en este libro de sugestivo título, que el autor explica así: “El símbolo del ensayo (el centauro) y el de la filosofía (el búho) aquí se hermanan y atraen recíprocamente”. Desconocía esa vocación del centauro distinta a la tensión entre la cutura y el instinto; creía que al ensayo lo simbolizaba la imagen que Montaigne empleaba: una balanza. Del búho sabía que en las tradiciones literarias de Europa y el Levante simboliza al conocimiento y la sabiduría, mientras que la letra Phi (o Fi) del alfabeto griego (similar al signo ø) ha sido usada como simbolo de la filosofía, que significaba amor por el conocimiento. Pero no soy filósofa, sí Belliard… 

Belliard y otros de su generación integran una pléyade de excelentes autores que se burlan frecuentemente de un crítico gruñón particularmente adicto a una poetica marginal que propone que la literatura no depende de reglas o artificios ni signos, sino de su capacidad transformadora de todos los aspetos vitales mediante el lenguaje. Casi toda la obra de ambos bandos contiene guiños a este combate literario dominicano, con más valor como chisme de patio que importancia académica. Obiter dictum, cito al poeta y ensayista comentado: “ejercer la crítica literaria y cultivar el ensayo de ideas, con vocación estética de estilo y bajo el signo de la poesía, como antídoto contra la aridez conceptual y la oscuridad argumentativa, representa la tarea del equilibrista. Combinar el rigor, la información, la comunicación, la claridad y la erudición en prosa de imaginación, ha sido un desafío intelectual y, al mismo tiempo, una estimulante y entusiasta forma de practicar la crítica con criterio, sin caer en el vació de la opacidad ni en la mudez abstrusa del sinsentido. Este ejercicio demanda inteligencia, imaginación y placer por los libros y pasión por la lectura…”. ¡Repámpanos! 

¿Sobrevivir para qué? 

Decía Steiner que las críticas (los varones también) somos meros instrumentos necesarios para apoyar la función o actividad principal que corresponde a los creadores de literatura. Esa naturaleza secundaria o dependiente de la primaria, contribuye mucho a su éxito, pero no es esencial ni imprescindible. Estamos al servicio de la brillantez ajena para persuadir al público de que preste atención a las ideas plasmadas en tinta sobre papel o ahora digitalmente en las pantallas de diversos artilugios. “Esto merece leerse”, “esto también, pero cuidado con…” o “es un bodrio, no pierdan su tiempo”, es cuanto debemos decir de manera atractiva pues también andamos a la caza de lectores, o más bien la élite que lee sobre lo que otras leemos. 

Esta crítica o recensión en la prensa es distinta a la de la academia, que exige otro rigor y está dirigida a un público especializado. Alguien que me precedió en este Diario Libre, el insustituible José Rafael Lantigua, a quien conocí en Madrid, lo comprendía mejor que muchos al citar como si fuese un adagio mocano que “esto sólo se entiende como algo que se hace por amor al arte”, sin referir, aunque seguramente lo sabía, que la expresión es del siglo XIX adaptada del concepto “el arte por el arte”. La paremia fue integrada al canon estético parisino por el filósofo Victor Cousin, ante ataques a innovadores cuyas creaciones no se sujetaban a la moralidad ni la corrección política. A quienes sí se plegaban a las exigencias de los poderosos se les llamaba despectivamente “intelectuales ancilares”, que lejos de un epíteto es precisamente lo que somos según el párrafo anterior, pero plegados al arte por el arte. 

Quizás sólo por eso, sobrevivamos hasta retornar a la pura nada de la que fuimos creados por voluntad divina o misterio de la física cósmica. Mientras resolvemos las demás angustias existenciales, ¡sigamos silbando para acompañar la gran sinfonía universal, el armónico deleite de la literatura! Vado piano perché ho fretta, como dijo César Augusto al imperar mucho antes que Napoleón al vestirse.