Día de duelo Nacional por los mártires de San Juan
El debate histórico entre conmemorar el fusilamiento de Sánchez o el luto de la anexión
El 4 de julio de 1861 tuvo lugar, en San Juan de la Maguana, el fusilamiento de Francisco del Rosario Sánchez junto con 21 compañeros que empuñaron las armas para combatir la anexión a España, consumada por el general Pedro Santana, el 18 de marzo de ese mismo año.
Casi tres lustros después, los restos de Sánchez fueron trasladados desde el cementerio municipal de San Juan a la capital de la República e inhumados en la catedral primada de América, inaugurando tan solemne ceremonia lo que se conoció como Capilla de los Inmortales, antecedente del Panteón de la Patria.
En paralelo con esa merecida exaltación, comenzó una campaña tendente a elevar solo a Sánchez a la categoría de principal Padre de la Patria. Por tal motivo, a mediados de abril de 1889, varios diputados azuanos presentaron un proyecto de Resolución tendente a declarar Día de Duelo Nacional el 4 de julio de cada año, “en conmemoración del mártir de la Patria general Francisco R. Sánchez y demás compañeros que sucumbieron en El Cercado”, según refiere Emilio Rodríguez Demorizi.
Conforme a los proponentes azuanos, que al parecer no olvidaban su lealtad con el desaparecido partido rojo que promovió la expedición armada de 1861, Sánchez era “el caudillo de nuestra independencia”, quien “nos dio patria libre e independiente” y, junto con otros patriotas, quiso reivindicar “la patria que él mismo levantó en el Baluarte del Conde”, entregando “su vida en holocausto por la patria que él mismo creó…”
La iniciativa originó un interesante debate caracterizado por ideas contrapuestas, como la del diputado García Godoy, que propuso el 18 de marzo como Día de Duelo Nacional, señalando que se trataba de una efeméride mucho más dolorosa y triste para el colectivo que el 4 de julio.
En efecto, para García Godoy, el 18 de marzo recordaba “la muerte moral de un pueblo, el derecho menospreciado, la libertad conculcada”. En verdad, fue un fatídico día que, al tiempo de eclipsar la República de Febrero, constituyó el “momento triste, lúgubre, fatal, en que un pueblo se ve convertido de dueño de sus destinos en siervo de extranjeros señores”.
No resultó fácil aprobar la moción original, ya que también hubo quien objetó el 4 de julio porque coincidía con los festejos oficiales de una nación amiga, los Estados Unidos, que ese día conmemora su independencia. Después de varios meses de deliberaciones, se estableció claramente que el 4 de julio dominicano en nada afectaba la extraordinaria significación continental del 4 de julio estadounidense.
Finalmente, el 19 de junio de 1889 fue aprobada la moción original y el Congreso Nacional declaró “solemnemente Día de Duelo Nacional el 4 de julio de cada año”, con la especificación de que dicha efeméride debía conmemorarse el 3 de julio del mismo mes.
A partir de entonces, oficialmente se recordó el 4 de julio como Día de Duelo Nacional, hasta que el 2 de julio de 1917 la referida Resolución fue abrogada mediante la Orden Ejecutiva No. 63 (G.O. 2817), que consignó lo siguiente:
“De acuerdo con la costumbre seguida en años anteriores, la celebración del Día de Duelo Nacional, decretado por el Congreso Nacional el 19 de junio de 1889, se pospone para el día 7 de los corrientes. Firmado: H. S. Knapp, Contra Almirante de la Armada de los Estados Unidos. Jefe del Gobierno Militar”.