Historia contrafactual o alternativa (y 2)
Qué hubiera pasado si la historia dominicana hubiese tomado un rumbo diferente
Un destacado historiador británico, Niall Ferguson, en una obra colectiva titulada Historial virtual. ¿Qué hubiera pasado si…? (Taurus, 1998), refiere que no pocos académicos eluden los ejercicios hipotéticos o contrafactuales debido, principalmente, a que carece de sentido especular sobre lo que no ha ocurrido, toda vez que el reto de cualquier interesado en comprender el presente es, precisamente, conocer y explicar de manera objetiva cuanto sucedió en el pasado.
De hecho, en el discurrir cotidiano de los dominicanos a menudo afloran preguntas de tipo contrafactual: ¿Y si Trujillo hubiese sobrevivido a la emboscada la noche del 30 de mayo? ¿Y si Bosch hubiese desmantelado la estructura militar trujillista heredada de la dictadura? ¿Y si los constitucionalistas hubiesen triunfado en 1965, habría Balaguer ganado las elecciones de 1966?
Ferguson añade que, a despecho de que “somos perfectamente conscientes de que no podemos viajar hacia atrás en el tiempo y hacer cosas de manera diferente”, imaginamos escenarios contrafactuales como una forma de aprender de los errores del pasado y evitar nuevos desatinos. En este sentido, el autor concluye: “dado que las decisiones del futuro están, por lo general, basadas en una ponderación de las consecuencias potenciales de diversos cursos de acción, es sensato comparar los resultados de lo que en efecto hicimos en el pasado con resultados concebibles de lo que podríamos haber hecho”.
Algunos historiadores estiman que los ejercicios conjeturales o alternativos constituyen más bien “un juego de salón, ya que las preguntas que comienzan con “¿y si? “simplemente no merecen respuesta [porque] “contemplar las cosas que podrían haber pasado, no solo supone refrendar la teoría de la historia de “mal Rey Juan” o “la nariz de Cleopatra”, sino que supone, además, ser un mal perdedor.
Respecto de la historia nacional, procede traer a colación la pregunta contrafactual del artículo anterior: ¿y si Duarte, en 1844, hubiese aceptado la aclamación como presidente de la República? ¿Cuál habría sido el curso de los acontecimientos políticos subsiguientes?
Ensayemos un breve recuento de la coyuntura histórico-política del momento: hacía cinco meses que se había proclamado el Estado-nación independiente. El gobierno haitiano había declarado “guerra a muerte” contra la joven República Dominicana. Ya se habían escenificado las batallas de marzo (el día 19 en Azua, y el 30 en Santiago), en las que el incipiente ejército dominicano resultó victorioso. El enfrentamiento entre conservadores y liberales se agudizaba; y los trinitarios controlaban el gobierno, a raíz del golpe de estado del 9 de junio, que el cónsul francés Saint Denys calificó como “el Brumario dominicano”. Sánchez era presidente de la Junta Revolucionaria, mientras que los conservadores, por su parte, recomponían sus fuerzas para contratacar.
Duarte propugnaba el respeto a las leyes y a la libre elección de los gobernantes. Tal vez no comprendió que aquellos eran tiempos de guerra que demandaban medidas y correctivos excepcionales, aun cuando, de haber aceptado la presidencia el país se habría escindido en dos Repúblicas, una en el norte y otra en el sur. Es evidente que tal circunstancia habría favorecido el proyecto haitiano de mantener vigente manu militari “la una e indivisible”.
Pero los acontecimientos transcurrieron de manera totalmente distinta, pese a que los trinitarios fueron derrotados y su némesis, Pedro Santana, terminó acusándolos de “traidores e infieles a la Patria” para, finalmente, desterrarlos del país a perpetuidad, “sin que [pudieran] volver a poner pie en él, bajo la pena de muerte…”