Y el monte parió un ratón
Fraudulento golpe a la salud pública termina en un modesto banquillo
El día 6 de diciembre de 2025 fue testigo expectante del apresamiento de Santiago Hazim, director del Senasa y, según algunas irredimibles lenguas, amigo traicionero del presidente Luis Abinader, a quien apoyó como gestor de sus finanzas de campaña en 2020. La justicia, por fin, había dejado de ser partidariamente selectiva.
El apresamiento concitó un amplio respaldo. Lo ocurrido en Senasa fue mucho más allá de cualquier otro acto de corrupción: lesionó el derecho de los más pobres a la salud y posiblemente provocó muertes.
Tras el envío a prisión del exfuncionario, un satisfecho Wilson Camacho, procurador adjunto, anunció el día 14 que el Ministerio Público se aprestaba a hacer todo lo que estuviera a su alcance «para que estas personas respondan ante (sic) el banquillo de los acusados y para presentar en el menor tiempo posible la versión 2.0 de este caso».
Tres días antes, había sido igualmente categórico: la abrumadora suma de 15,000 millones de pesos sustraídos al Senasa podría cambiar, como también la cantidad de imputados dado que el caso continuaba en investigación.
Los días y semanas siguientes fueron un hervidero de rumores. Nadie se sustrajo al tema ni dejó de especular sobre quiénes serían los próximos caídos. Se habló de médicos prestantes, de clínicas de postín y de farmacias que aumentaron desmedidamente su capital participando en la estructura corrupta presuntamente montada por Hazim.
Camacho seguiría alimentando el rumor con hiperbólicas declaraciones, aunque también creando justa esperanza. El 20 de enero de este año, reiteró que el MP sentaría en el banquillo a «todo el que ha sustraído dinero del Estado en el caso de Senasa». El 5 de febrero dijo que «muy pronto nos estaremos viendo de nuevo hablado de la versión 2.0».
El 3 de marzo, reveló que «la solidez de las pruebas recabadas» presionaba a los involucrados a buscar acuerdos. El 30 de abril, habló de una «tercera estructura» fraudulenta sin revelar detalles. En mayo guardó silencio, que rompió el 17 de junio para decir que el fraude era tan grande que Senasa 2.0 no sería suficiente.
El 12 de agosto, Camacho insistió en la posibilidad de un Senasa 3.0. El trabajo del personal especializado de la procuraduría a su cargo estaba concentrado en analizar 16,800 cajas de documentos obtenidos durante allanamientos. Más de una por millón robado.
Pero nueve meses después de aquel diciembre, la confianza en que el MP tocaría a los poderosos estaba en su punto más bajo. Pocos creían ya en que el crimen contra los pobres encontraría justicia. Entonces, llegó el fuego de artificio del 18 de septiembre: allanamientos en la madrugada y detención de veinticinco anónimos acusados de fraude por ¡41 millones de pesos!
Como en la fábula de Esopo, «Después que con bramidos espantosos/ Infundieron pavor a los mortales,/ Estos montes, que al mundo estremecieron,/ Un ratoncillo fue lo que parieron».