Freddy Sandoval

Memoria y legado de una figura entrañable del periodismo dominicano

Hace casi treinta años mi padre César Medina se embarcó en un proyecto para producir y comercializar la programación de un canal de televisión emitido por un sistema de cable, lo que limitaba la audiencia a suscriptores y el alcance geográfico a lo que hoy se conoce como Gran Santo Domingo. Allí conducía Hola Matinal, un programa de análisis, opinión y entrevistas de actualidad que en pocos meses se convirtió en un espacio de gran incidencia en la opinión pública nacional. Desde el día cero Freddy Sandoval fue su compañero en esa aventura. 

Producto del éxito de ese programa, poco después se le ofreció la oportunidad de relanzar Hoy Mismo por Color Visión, y encargó a Luisín Mejía para que junto con Sandoval dieran continuidad al programa. Yo ingresaría un par de años más tarde. 

Corría mayo del año dos mil uno, y a media mañana de un domingo recibí una llamada de mi viejo preguntándome si me interesaba trabajar en televisión, y participar en ese matutino cubriendo la ausencia de Luisín que se encontraba fuera del país en asuntos relacionados a los Juegos Panamericanos. Respondí afirmativamente, a pesar de que apenas habían transcurrido unos meses desde que ingresara al programa radial El Poder de la Tarde, donde con más pena que vergüenza iniciaba mi participación en los medios de comunicación.

Al día siguiente antes de las seis de la mañana me presenté tal cual se me instruyó a los estudios del Canal 10 de Telecable Nacional. En ese momento conocí a Freddy Sandoval, y desde entonces fue mi amigo y compañero de trabajo, ininterrumpidamente durante más de un cuarto de siglo, hasta que el pasado domingo once de octubre se nos adelantó en el viaje hacia lo desconocido. 

De don Freddy se pueden decir muchas cosas, como compañero fue trabajador, disciplinado, cumplidor y solidario; perspicaz, profundo y moderado en su abordaje de los acontecimientos sociales y políticos, característica que además de producto de un temperamento flemático, era la natural consecuencia de una vastísima experiencia que se refleja como nada en el sosiego y la prudencia con que expresaba sus ideas.

Profesional y honesto, fue maestro de generaciones de periodistas, y amigo de todo el mundo. No recuerdo haberle escuchado elevar el tono de voz como señal de enfado, y mucho menos maltratar o irrespetar a un compañero o colaborador. Hombre de templanza castrense, era a la vez fácil de tratar, o para usar un término muy suyo, muy llevadero. Era raro verlo enojado, y solo cogía cuerda de verdad cuando las Águilas perdían del Licey. 

Fue un hombre profundamente familiar, que junto a su compañera de cincuenta años construyó un hogar bien avenido para sus tres hijas y sus nietos. Una familia que siempre fue su tesoro, su verdadera y gran riqueza. 

En los días de su velatorio, en la sala funeraria algo se recogía como un sentimiento prácticamente generalizado, y es que Freddy Sandoval fue en esencia un hombre bueno, básicamente un gran ser humano. Y eso probablemente es lo mejor que se puede decir de una persona cuando marcha de este plano terrenal. 

Gracias por tus consejos, tu amistad y tantos buenos momentos viejo Sando. Las mañanas no serán iguales sin ti. Te vamos a extrañar mucho.