Criticarte - La punta del iceberg del teatro dominicano

La salida del maestro Iván García de la obra "El Graduado" provocó que los medios le dieran el protagonismo que él quizás buscó con sus personajes en la obra, de los que él sabrá si exageró o no.

Admiro en él esa capacidad camaleónica de crear personajes de la nada y ponerlos a andar con vida propia en la escena. Cómo olvidar sus papeles en "La Bella y la Bestia" o en "El violinista en el tejado", por solo mencionar dos roles diametralmente opuestos.

Me inclino ante el maestro, por su medio siglo dedicado al arte y sus 71 años de edad. Aplaudo en el actor su entrega a las tablas. Pongo sobre relieve su altura, su caballerosidad y sus logros a lo largo de tantos años. Le admiraré mucho más cuando a solas con su almohada, entre ángeles y demonios, converse con su yo interno y decida levantar la mano derecha y decir: "Lo juro, me pasé". O no.

El martes, una destacada actriz llegó a llamar a una de las empresas patrocinadoras de la puesta para que suspendiera un brindis organizado para los involucrados en la producción, en solidaridad con Iván. Un conocido actor del humor hizo burlas de la obra en su programa de televisión. En la radio ocurrieron algunos llamados a boicotearla. Quienes así actúan, olvidan aquel dicho de "marineros somos y en el mar andamos", o aquel otro de "yo la agarro bajando". Que no, que no se hacen buen favor.

Más allá del suceso puntual, hay que sacar varias lecciones, porque la situación ha dado tela por donde cortar, y ha enseñado la punta del iceberg de muchos problemas que parecen reverberar en el subsuelo de la escena dominicana, donde, vaya casualidad, he escuchado opiniones que dejan mucho que desear de este o aquel gran actor, de esta o aquella gran personalidad.

Así que falta solidaridad, pero falta una solidaridad limpia, amplia, azul y democrática, que favorezca tanto a las vacas sagradas como a los que comienzan: que sirva de apoyo al que desea venir al país -sea dominicano o extranjero- a invertir en la producción cultural, que mucha falta hace (¿alguien se ha preguntado cuánto ha aportado hasta este mismísimo minuto la producción de "El Graduado" -o cualquier otra obra teatral- económicamente hablando, cuántas familias dominicanas se han beneficiado?). Una solidaridad que sirva de acicate para que el novel actor vea que puede tener futuro, no tanto por las ganancias económicas, sino por el olvidado amor al arte que es, a fin de cuentas, lo que salva esta hermosa, sufrida e intensa profesión.

En el mundo de la cultura falta que toda relación de trabajo sea basada en firmes principios contractuales. Yo le contrato a usted para esto y no para esto otro. Segundo, ningún actor o director, por muy laureado y reconocido que sea, puede hacer con una obra de la cual no es productor, lo que él desee, sin contar con quien posee los derechos y le está pagando. ¿O no? Tercero, es cierto que las rivalidades son la sal tras bambalinas, y los dimes y diretes, y los lleva y trae. Pero de ahí a hacer de esto, léase la indisciplina, algo que atente contra una obra en sí misma, es algo inconcebible. Y aquí no me refiero a "El Graduado" donde no ha habido sangre, ni río adonde pueda llegar, sino a los pliegues de la intimidad del teatro dominicano, donde existen desde técnicos incapaces acostumbrados a un estilo que ya pertenece a otra época, hasta artistas a quienes se les puede ocurrir cualquier cosa por arrebatarle el momentico de gloria al que lo merece, sólo porque le puede hacer sombra. La cultura dominicana está en los albores de un salto de calidad como nunca antes. Nuevas leyes culturales se aprueban, se reconstruye el Palacio de Bellas Artes, ¿pero y qué le vamos a poner dentro? Es necesaria una nueva actitud por parte de los protagonistas de la cultura. Una nueva actitud que tiene que ver con la Disciplina y el acento puesto en el Arte liberador y, ahora sí, solidario.