Cuidado con el modelo venezolano

"Estamos en un laberinto sin salida, en el que la solución de los problemas socioeconómicos de Latinoamérica es lenta, vamos mal y vamos de Cumbre en Cumbre, mientras nuestros pueblos van de abismo en abismo." (Hugo Chávez)

Las protestas que recientemente se han estado escenificando en Venezuela son una consecuencia directa de la desastrosa política económica que por unos catorce años el chavismo ha implementado en nombre del socialismo del siglo XXI, y que ha colocado a ese país sudamericano de vuelta al siglo XX. No podía ser de otra manera, cuando el mismo gobierno ha promovido, abiertamente, el saqueo de los comercios como un acto de patriotismo y justicia social. Primero Chávez como tragedia, con su caudillismo de carácter mesiánico, y luego Maduro como farsa, pero sin ningún atributo de inteligencia ni de carisma, han ido destruyendo de manera progresiva la base productiva de la economía venezolana.

Con una inflación que superó el 55% en el 2013, una de las más altas en el mundo, un deterioro en la formación bruta de capital, una fuga creciente de capitales nacionales y extranjeros (incluyendo la suspensión de producción de petróleo por parte de Petrovietnam), una caída extraordinaria en sus reservas internacionales hasta el punto de que hoy día están en su nivel más bajo en los últimos diez años (se estima que sus reservas liquidas solo alcanzan los USD2,000 millones, pues la mayor parte se encuentra en forma de oro), Venezuela enfrenta un verdadero laberinto, dado que Maduro apenas está comenzando el periodo de gobierno para cual fue elegido en diciembre pasado. Atrás ha quedado la bonanza de los petrodólares que le permitieron a Chávez financiar sus delirios de grandeza con programas regionales como petrocaribe que son a todas luces insostenibles. Como son insostenibles los niveles de apoyo financiero que Venezuela le prodiga a la dictadura simbiótica de los hermanos Castro, quienes han tenido la suerte de mantener un sistema anacrónico gracias a la caridad internacional, tanto de la Unión Soviética en las primeras tres décadas, como, más tarde, de la asistencia de la denominada revolución bolivariana. Se estima que anualmente Cuba recibe cerca del 15% de su PIB en forma de ayuda procedente de Venezuela.

Muchos pudieran preguntarse cómo es posible que un sistema de políticas públicas tan ineficiente haya podido sobrevivir en un país con una tradición de lucha como Venezuela. Entre las razones, me permito enumerar tres: primero, el descrédito del sistema tradicional de partidos, incapaces éstos de resolver, desde el poder, los problemas fundamentales de los venezolanos; segundo, la bonanza de los precios internacionales del petróleo; y tercero, el populismo -nacional e internacional- que creó, en los sectores sociales más desposeídos, la falsa ilusión de que con la depredación de los recursos públicos se estaban resolviendo sus problemas más apremiantes. Sin embargo, en la presente situación, fruto de esa depredación, hay una escasez generalizada de alimentos y otros bienes de primera necesidad. No hay divisas para hacer las importaciones requeridas, pero tampoco hay mucha disposición de los importadores a continuar en un negocio sin ninguna seguridad jurídica, y agobiados por regulaciones quijotescas.

La crisis venezolana debe ser motivo de gran preocupación para la República Dominicana, y en particular para el gobierno del presidente Medina. A la fecha, el gobierno dominicano se ha endeudado en más de USD3,700 millones a través del programa de Petrocaribe. De hecho, Venezuela se ha convertido en el mayor acreedor no privado de la República Dominicana con un 26% de su deuda externa, muy superior al porcentaje den nuestra deuda que poseen Brasil, Estados Unidos, España y Japón, juntos. La deuda con Petrocaribe solo es superada, ligeramente, por los tenedores de bonos del gobierno dominicano con un 27% del total de la deuda externa. El problema es que en el financiamiento del presupuesto del 2014, el gobierno tiene contemplado recibir RD$26,640 millones a través de Petrocaribe. Dada la convulsa situación que se vive en Venezuela existen serios riesgos de que a pesar del interés que pudiera tener el gobierno de Maduro para mantener dicho programa, es muy difícil que pueda continuarlo, dadas las presiones financieras y políticas que está recibiendo internamente. Peor aún, no está claro que Maduro pueda sostenerse en el poder a lo largo del 2014. Corresponde al gobierno dominicano tener un plan de contingencia presupuestaria ante la incertidumbre de que Petrocaribe se vea abruptamente interrumpido, en vista de las sorprendentes torpezas con las que Maduro se ha manejado.

Ese modelo venezolano, basado en el populismo irresponsable -valga la redundancia- ha sido la crónica de un fracaso anunciado. Y nos deja a los dominicanos importantes lecciones que no deben ser ignoradas. Quiero destacar, sin embargo, la lección de que tarde o temprano los errores económicos tienen sus consecuencias, muchas veces en forma de graves crisis sociales. La magnitud de la explosión es proporcionar a las tensiones que se hayan acumulado al interior de la economía con decisiones de políticas públicas absurdas y contraproducentes. Chávez tenía razón cuando dijo que los pueblos latinoamericanos iban de abismo en abismo. Solo le faltó reconocer que él era la causa fundamental que estaba llevando a Venezuela al borde del precipicio, tal como se encuentra en estos momentos.

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