De buena tinta - El valor del "pan chiquito"

Desde que los panaderos se metieron a economistas, ya no hay pan grande, todo es chiquito, menos el precio

Hubo un tiempo en que era corriente decir: "aquí, como el pan chiquito", para expresar una situación de abandono, pues la gente prefería un producto de mayor tamaño. El que compraba el pan chiquito era porque estaba muy mal económicamente.

La crisis está cambiando hasta el sentido de los refranes, pues ya no se puede hablar despectivamente del pan chiquito, pues sube tanto su valor en el mercado que lo que preocupa ahora es el precio y no el volumen. Lo achican más cada vez.

Ahora se anuncia una nueva alza del pan, y sirve para comprobar otro cambio: la economía no es la ciencia lúgubre de que escribió Carlyle, sino que ahora sus nociones permiten grandes ganancias en actividades que estaban al margen de sus teorías.

El pan de agua era harina y agua, y por tanto, barato. Ahora no. A sus costos conocidos hay que agregar otros que antes eran impensables cuando la panadería era de barrio, y no una gran industria, o el panadero ejercía un oficio modesto, sin asesoría de grado.

Cuando se defienden parecen más economistas que profanos, pues dominan los conceptos de manera brillante, aunque en el fondo haya que verles como aprovechados de la situación. Es tanto el gasto que no se sabe cómo siguen en el negocio.