Hace falta más y mejor coordinación

La improvisación pública que se paga en privado

Hay averías que son accidentes. Y accidentes que son, en realidad, síntomas. Lo ocurrido con la tubería perforada durante unos trabajos públicos, que terminó inundando la vivienda de una pareja de ancianos y dejando a varios sectores sin agua, pertenece claramente a la segunda categoría.

No se trata solo de un error técnico ni de una mala maniobra de una máquina. Es la manifestación visible de la descoordinación crónica entre las agencias del Estado que intervienen el espacio público como si cada una trabajara en un país distinto. Se abre una zanja sin saber qué pasa por debajo, se perfora sin preguntar, se ejecuta sin mirar alrededor. Daño hecho, comienza el ritual conocido: promesas de reparación, visitas oficiales, evaluaciones, papeles.

Mientras tanto, los que no tienen nada que ver con la improvisación institucional pagan la cuenta. Con agua en la sala, con electrodomésticos dañados, con la rutina trastornada, con la angustia de ver su casa convertida en un problema administrativo.

Reparar la tubería es lo mínimo. Reparar la manera en que se toman y se ejecutan estas decisiones sería, esta vez sí, la verdadera solución. Porque la improvisación, cuando es pública, siempre termina siendo privada.

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