La revolución cubana está en ruinas
El régimen cubano, tras 66 años en el poder, enfrenta una profunda crisis humanitaria y de legitimidad
El régimen cubano, vencedor —según su propio relato— de una y mil batallas históricas, camina hoy por la cuerda floja. Sin aliados verdaderos, sin padrinos ideológicos con chequera y sin el aura épica que durante décadas le permitió justificarlo todo, la revolución que prometió dignidad terminó convirtiendo a Cuba un ejemplo continental de pobreza administrada y resignación forzada. Ya no hay épica posible cuando falta el pan.
Conviene decirlo con claridad: la culpa no es de Trump ni de un embargo convertido en coartada universal. La responsabilidad es de quienes, tras 66 años en el poder, agotaron no solo el modelo económico, sino también el crédito moral de una promesa que, si alguna vez existió, se disolvió en la rutina del control y el miedo. Las glorias pasadas —reales o magnificadas— no alcanzan hoy ni para llenar un plato.
El régimen se muestra en su desnudez más cruda: incapaz de producir, de reformarse, de escuchar. Sobrevive no por adhesión popular, sino por inercia represiva y por la ausencia de alternativas organizadas dentro de una sociedad exhausta. El problema de Cuba ya no es ideológico, es humanitario.
La revolución cubana parece haber quedado atrapada en su propio relato, incapaz de explicar y resolver la miseria cotidiana de su gente.