Detrás de Wander Franco

Que si Wander merece o no el perdón judicial seguirá siendo tema de debate público

Que si gusta o no que Wander Franco se haya librado de la cárcel en esta segunda vuelta. Que si podrá volver a las Grandes Ligas. Que si está más gordo. Que si la angustia le ha provocado caída del pelo… Wander, Wander, Wander… 

¿Se nos olvida alguien en la conversación? 

La madre condenada a 10 años, no. Ella sigue ahí, en los titulares y en la sentencia. A quien parece perderse entre el ruido es a la adolescente con cuya relación se originó todo este caso.

Que las adolescentes de ahora pueden tener “cuerpos desarrollados como adultas” es una excusa trillada para validar el abuso o la violación sexual. Que tienen muchas “millas”, también. ¡Eran 14 años los que tenía la menor cuando inició la infame relación con el beisbolista!

Por más “millas”, cuerpo y calle que tenga una jovencita, difícilmente este episodio sea un recuerdo feliz. Su adolescencia ha sido narrada en los últimos años entre noticias, reportes, análisis -y quizás apuestas- centrados en Wander Franco.

Que si Wander merece o no el perdón judicial seguirá siendo tema de debate público. La que ahora tiene que intentar digerir todo esto es una adolescente cuya madre volvió a ser encontrada culpable y deberá mudarse a una cárcel. 

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