La guerra siempre pasa factura

La República Dominicana no dispara un solo tiro, pero termina pagando parte de la cuenta

Las guerras ya no necesitan cruzar fronteras para afectar a quienes están lejos del campo de batalla. Basta con que estallen en una región estratégica para que sus efectos recorran el planeta. El nuevo llamado del papa León XIV a detener los ataques en Oriente Medio y retomar el camino de la diplomacia no es solo un mensaje moral; también es una advertencia sobre el costo de prolongar un conflicto.

La República Dominicana no dispara un solo tiro, pero termina pagando parte de la cuenta. Cada escalada en el Golfo pone bajo presión el precio del petróleo, encarece el transporte marítimo, altera las cadenas de suministro y alimenta la incertidumbre en una economía mundial que aún camina sobre terreno frágil. Lo que ocurre a miles de kilómetros suele reflejarse aquí en el precio de los combustibles, de los alimentos y de la electricidad.

Por eso la paz también tiene un valor económico. No es únicamente un imperativo humanitario; es una necesidad para millones de personas cuya única relación con la guerra es sufrir sus consecuencias.

Mientras los gobiernos intercambian misiles, los mercados hacen cuentas y los ciudadanos pagan la diferencia. La diplomacia podrá parecer lenta e ingrata, pero sigue siendo infinitamente más barata que cualquier guerra. Convendría recordarlo antes de que otro conflicto vuelva a cobrarnos una factura que nunca provocamos. 

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