El banco secreto

La desconexión entre la central telefónica y las oficinas regionales del Banco Agrícola

Imagine que usted necesita una información de un banco y llama a su central telefónica. Le explican que el dato solo puede ofrecerlo la sucursal de la provincia que investiga o, en su defecto, la oficina más cercana.

El problema comienza cuando pregunta por el teléfono de esa sucursal y nadie parece tenerlo claro. Le facilitan números con extensiones que la centralita no permite marcar directamente. Entonces empieza la búsqueda por su cuenta.

Finalmente encuentra un número y llama. La comunicación entra, pero se corta antes de que alguien pueda atenderle. Lo intenta varias veces. La extensión de Negocios tampoco responde.

Vuelve a la página web de la institución. Allí aparecen teléfonos, direcciones y contactos de WhatsApp que deberían facilitar el proceso, pero algunos datos están desactualizados y otros no coinciden con las instrucciones de la central telefónica. Una grabación advierte incluso que varias extensiones fueron cambiadas.

Después de numerosas llamadas, finalmente responde una empleada dispuesta a ayudar. Escucha el problema, consulta la información disponible y proporciona el número que, según ella, corresponde a la oficina buscada.

Es la historia del Banco Agrícola. Se trata de un banco público cuya propia naturaleza exige cercanía con productores y comunidades rurales, muchos de ellos ubicados a decenas o cientos de kilómetros de sus oficinas. Para esas personas, conseguir una información por teléfono no es una comodidad: puede evitar un viaje de varias horas. Un banco creado para acercarse al productor no debería convertirse en un banco difícil de encontrar.

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