La tragicomedia de los “influencers”

Hay favores que es mejor no deberlos...

La política los necesitó y fue a buscarlos al barrio y a las redes, confiándoles un papel casi decisivo.

Sin “influencer” no habría Paraíso, y esa convicción llevó a partidos y candidatos a disputárselos, como si fueran las últimas Coca Cola en el desierto.

A unos con papeletas y a otros con posiciones electivas que daban por seguro ganarían. Algunos se salieron antes de tiempo y otros se rehusaron desde el principio. Aunque también los hubo que llegaron a la meta.

El invento funcionó, y a falta de notables, los “influencer” se hicieron con la plaza y fueron sensación en los pasados comicios.

Todo bien, la política haciendo su apuesta y ganando espacios y ocasionales.

El problema es que los “influencer” llegaron para quedarse, y actúan de forma arrogante y desbordan las jurisdicciones establecidas.

La moral no va con ellos, se comportan por encima del bien y del mal, y - además - con mala cosa les ha cogido: con los niños.

El fenómeno era para írseles alante, pero la autoridad duda y da la impresión que no sabe cómo frenar ese descontrol y esa desvergüenza.

Hay favores que es mejor no deberlos.

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